Por la Avenida de los Volcanes, a la Reserva Faunistica y Volcán Chimborazo, y a Riobamba

Riobamba (Ecuador), 7 de noviembre del 2018. Por Roberto L Moskowich

A las 3 de la madrugada, aprovechando que me tuve que levantar al baño, envié la información diaria. En ese momento eran las 9 de la mañana en España, un hora muy buena para recibirla.
Me levanté a las 6.30 y a esa hora la temperatura en Quito era de 9 grados, con un 65 por ciento de humedad, y previsión de lluvia. Pese a encontrarse a sólo 22 km de la línea ecuatorial, su clima es más bien primaveral.
Tras diversos festejos de carácter nacional y local, Quito, que con 2.850 metros es la segunda capital más alta del mundo, ha recuperado su ritmo normal.
Por cierto, llama mucho la atención que no haya restos incas en Quito, y eso se debe a que Atahualpa Yupanqui destruyó totalmente la ciudad antes de la llegada de los conquistadores españoles…..
Después de asearme, desayunar y recolocar mi equipaje,repasé guasapos y correos electrónicos, para no desconectar con mi mundo exterior; y, sobre todo, con mi familia y mis queridos lectores de Fedellando.com y  21noticias.com donde se publican todas mis crónicas diarias.
En la cafetería del Hotel Embassy, donde desayuné, está colgado un bello tablero de madera con 40 tazones para el desayuno, decorados con motivos diversos, y en su parte superior luce este letrero: “Nuevo día.Nueva oportunidad. Todo está en tus manos”. Muy animoso, sin duda alguna.
A las 8 en punto pasó a recogerme Javier Santafé, mi guía, para iniciar nuestro periplo diario. Entre otras cosas, teníamos ante nosotros el largo recorrido por la Avenida de los Volcanes, la visita al Volcán Chimborazo y su Reserva Faunistica y el viaje hasta Riobamba. Por cierto, el nombre Avenida de los Volcanes se lo puso Alexander Von Humboldt a ese largo recorrido entre volcanes hace 300 años.
Saliendo de Quito por la calle Vicente Ramón Roca hay una pequeña mezquita, y poco después un edificio de Exteriores con una larga cola de venezolanos para intentar arreglar su estancia en Ecuador.
Nos dirigimos hacia el Sur por la Av. Río Amazonas, General Francisco Robles, Av. 12 de Octubre, La Condomine y Alfonso Ferrier. Bajamos una pronunciada quebrada por el Camino Escénico, que fue el que usaron los conquistadores españoles para ir a la Amazonía. Continuamos por la Avenida de los Conquistadores, siguiendo el caudaloso Río Pachángara, y lo sobrepasamos por un muy elevado y nuevo puente, dejando debajo de nosotros el antiguo y estrecho viejo puente, aún en uso.
Subiendo y subiendo entramos en el Anillo Periférico, Avenida Simón Bolívar, con tres carriles en cada sentido. Desde la parte superior hay unas soberbias vistas de Quito, que es una ciudad muy alargada. En ese momento lucia el sol.
Más adelante, a la izquierda, vimos el volcán colapsado Pasochua. Por cierto, la mayoría de los volcanes tienen nombres indígenas, salvo el Corazón, volcán que dejamos a la derecha cuando accedimos a la Carretera Panamericana.
Como la tierra volcánica es muy fértil, durante el recorrido vimos mucha agricultura y ganadería: vacas, caballos, maíz, brócoli y otras legumbres, cerezas y otras frutas, y pinos y eucaliptos que fueron plantados para las fábricas de papel. El agua es gratuita, pues baja de los volcanes.
En un altiplano ancho y largo, rodeado de grandes montañas, atravesamos Mejía, con su cercano Fuerte Militar. Dejamos a la izquierda el Volcán Rumiñaqui, colapsado y con puntas negras, y por detrás el gigantesco Cotopaxi, de 5.897 m de altura. Luego, a la derecha, dejamos el volcán doble Las dos Hermanas Illunitas. Inicialmente era un solo volcán, pero un cataclismo lo rompió en dos.
Siguiendo una larga y pronunciada bajada, con amplias curvas, encontramos este letrero: “Zona de caída de ceniza volcánica “, procedente del Cotopaxi, que significa “Cuello de Luna “, volcán en el que se presencian impresionantes salidas de luna llena.
Todos los volcanes están conectados entre sí. El Chimborazo erupciona cada 100 años, más o menos, y lleva ya 140 años sin entrar en acción…. La terminación ato significa hielo, y la terminación agua significa fuego.
Tras recorrer unos 50 kilómetros, llegamos a una zona llamada La Avelina, donde realizamos “la parada de la meada”, en fino “parada técnica”, y en un restaurante que lleva el nombre del lugar, fundado en 1932, tomé un delicioso helado de crema con chocolate.
Después de rebasar el Comando de Paracaidistas (que me hizo recordar al coruñés “Napoleón” y mi condición de Paracaidista de Honor), dejamos a la izquierda la cárcel, en la que se encuentra realizando huelga de hambre el ex Vicepresidente Nacional Jorge Glass.
Seguimos circulando por el viejo Camino Inca, que en su día se usó para construir el ferrocarril y que ahora ocupa la Carretera Panamericana. Actualmente, el tren es turístico y funciona en algunos tramos.
Entramos en la provincia de Cotopaxi, siguiendo otra larga bajada, pero más suave. La zona está muy habitada y es de carácter agrícola, pero las montañas de cierre están bastante peladas.
Seguimos por la Panamericana rumbo al Chimborazo y su Reserva Faunística, pasando por Salcedo, famoso por sus helados de colores que se venden en todo el país, por el Parque de la Paz y el peaje de Panzalco. Un gran letrero nos recomienda “Primero Ecuador” , y otro del motel “Ruta del Amor”. Todo es amor: patrio y carnal….
Dejamos a la derecha la Red Viaria Tungurahua, que va hacia las montañas, y en Ambato destaca su Centro de Investigaciones Forenses.
Otra referencia geográfica importante es la Cordillera Llanganate, donde Atahualpa Yupanqui batalló con su hermano, antes de la llegada de los conquistadores españoles.
Disfrutamos de unas muy bellas vistas de Ambato, la ciudad de las frutas y de las flores. Por las noches, a veces se ven unas llamativas luces azules sobre las montañas. Son las candelas de los entierros de los incas. El ritual mortuorio que practican es realmente impactante.
Salimos de la Panamericana y ascendimos hasta el pueblo indígena de Chibuleo, situado a 3.100 m de altura. Tienen el Mercado de Santa Rosa, una bonita y amplia Iglesia, cuya gran campana de bronce está en una construcción especial independiente del templo, un mercadillo artesanal, banco, farmacia, veterinario, etc. Las mujeres visten un poncho corto y se cubren con un pequeño sombrero blanco.
En nuestro contínuo ascenso hacia el Chimborazo, gozamos de unas vistas espectaculares y contemplamos unas tierras feraces, circulando por una buena carretera y prácticamente sin tráfico.
Cuando llegamos a la entrada de la Reserva Faunistica y Volcán Chimborazo lloviznaba, había bancos de niebla, y la temperatura era de 5 grados, con la sensación térmica de 0 grados. La nieve llega casi hasta la entrada.
Vimos bastante vicuñas, un camélido ahora protegido que estuvo a punto de desaparecer. Repoblaron con ejemplares traídos de Bolivia, y se ha recuperado su población.
Otro de los habitantes de la Reserva es el lobo del páramo, que es el cánido más grande del país, y que puede llegar a medir 1,70 metros de la cabeza a la cola.
Desde la entrada hasta al primer refugio se asciende 400 metros por una carretera de tierra. La única planta que encontramos es la chuquiragua, que tiene unas flores rojas muy bonitas, que hacen las delicias de los colibrís, pájaro que es el símbolo de Quito.
En el Refugio Cartel, que está a 4.845 m de altura en la cara Sur del Chimborazo (cuyo volcán gemelo es el Tumburahua) tomé un sabroso chocolate con una especie de donuts, y descansé un poco antes de proseguir el ascenso a pie.
En la ladera hay una especie de pirámide, como homenaje y recuerdo a los escaladores muertos en el ascenso hasta el cráter.
El segundo refugio, que carece de cafetería y servicios, se encuentra a 950 metros del primero. Se ascienden otros 200 metros, en unos 45 minutos, pero la intensa niebla nos impidió llegar hasta allí. ¡Otra vez será!.
Según la Norma Internacional Hayford de 1909, la distancia en kilómetros desde el centro de la tierra es la siguiente: Chimborazo 687 kilómetros y Everest 467 kilómetros. O sea que el Chimborazo es el más alto de la tierra, ya que aventaja en 20 kilómetros al Everest.
Cuando bajé del camino al segundo refugio se había cerrado de niebla y el viento cortaba la desprotegida cara. Cuando subí al coche, pese a la caminata, tenía la cara, las manos y los pies fríos.
Ya abajo del volcán lució el sol de nuevo. Pasamos por un desfiladero, y se abrió un valle con pueblos agrícolas y ganaderos, con sembrados que subían las faldas de las montañas, bosques y ovejas.
Llegamos a Pueblo Real a las 4 de la tarde, y comimos en el restaurante indígena “Sumak Kawsay”, que cuenta además con un Museo de la llama y tienda de artesanías de la Comunidad Indígena. El menú indígena incluyó sopa de legumbres y tubérculos, un exquisito estofado de carne de llama con aguacate, quenoa, tomate, lechuga, plátano verde frito y una salsa dulce y aromática. De postre, una filloa rellena de mermelada y cubierta de chocolate, y tunas (higos chumbos). De bebida, chicha de quinoa no alcohólica porque aún no había fermentado.
Cuando pusimos rumbo a Riobamba, que estaba a una hora, se desató una tormenta con bastante aparato eléctrico, pero no llovió gran cosa. En la carretera este anuncio: “No arrojar basura en las cunetas”. ¿Y en el resto si?.
Me alojé en la Hacienda La Andaluza, que está en la falda del otro lado del Volcán Chimborazo. A lo largo de mi dilatada experiencia como Viajero sin Fronteras he visto muchos hoteles, de todo tipo, pero ninguno igual a este impresionante complejo hostelero que es un gran museo en si mismo.
Aquí fue donde escribió Simón Bolívar su poema “Miguelillo sobre el Chimborazo”. Lo hizo el 30 de junio de 1838, inspirándose con las vistas del volcán que se contemplan desde La Andaluza.
Esta gran construcción de maderas nobles, con varios cuerpos entroncados data del año 1551. Fue edificada por españoles procedentes de Andalucía, y siempre ha sido propiedad de españoles. Ahora es del Dr. José Gallegos, abogado, y su hija Catherine, que también es abogada, es la gerente general….
La exquisita cena, en tan impresionante comedor y con tan buen servicio, fue de las que no se olvidan fácilmente.
Creo que por hoy, es más que suficiente. Hasta mañana. ¡Saludos y salud.

(Fotos: Lajos Spiegel)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

5 + 16 =

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.