Viajando en moto. Paraísos cercanos. Por Marcos Gestal

Pocas cosas son más gratificantes como viajar en moto, sin prisa, disfrutando del paisaje y de la carretera. Circular “al trote” pasando por lugares más o menos olvidados sin mayor preocupación que la próxima curva.

Cuando se habla de viajes en moto siempre se piensa en aquellos icónicos destinos que parece que se debería visitar si uno se quiere llamar motero. Todos piensan en la ruta 66, el cabo Norte, los Alpes, el Atlas e innumerables lugares llenos de crónicas y atestados de motos en temporada estival.

Viajar en moto digamos que no es barato, y sinceramente, tampoco es lo más cómodo. Claro está que a los que nos gusta no lo cambiamos por nada. A la hora de querer viajar es fácil soñar con esos destinos icónicos, eso sí, hasta que uno empieza a hacer cuentas, y hay muchas que hacer. Cierto es que no todo es cuestión de dinero, o que siempre se puede recortar en “comodidad” y así ajustar el presupuesto. Pero al final hay que hacer la ruta, planificar las jornadas, las paradas y, dependiendo de la distancia, mantenimientos o montar un juego de gomas nuevas o de tacos, si es necesario. Y todo eso no son más que horas de planificación, de informarse, en fin, de calcular. No hay que ser un erudito de la logística, pero hay mucho en lo que pensar, a no ser que el “modo aventura” sea nuestra opción elegida, en ese caso lo importante es un buen temple, saber improvisar y sobre todo una buena capacidad de adaptación.

Si todo esto no es poco nos queda un gran “problema”, y es simple, hay destinos a tiro de piedra espectaculares que visitar. A mucha gente le sorprende pero la península Ibérica dispone de destinos de todo tipo por los que perderse un par de días y que poco o nada tienen que envidiar a otros con gran renombre. Recorrer los Pirineos, atravesar el desierto de Monegros, los cientos de kilómetros de costa, las carreteras de esos valles escondidos de interior, lugares que son en esencia paraísos cercanos, poco transitados y remansos de paz. Y además sin salir de nuestro país, un punto a favor si no se dominan los idiomas.

Planear una escapada por España es mucho más sencillo, incluso ir a la aventura es menos “peligroso”, el margen de maniobra es más amplio, no hay documentación que preparar ni visados y en temporada baja la desconexión es total. Quizás no tenga el glamour de ciertos destinos pero es un fantástico lugar donde foguearse, ver el límite de cada uno a la hora de acumular kilómetros y también visitar lo nuestro, que es mucho, variado y en la mayoría de los casos más barato.

Nunca me he sentido decepcionado de viajero por España, siempre, al final, pesan más los recuerdos que las maletas.

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