Venceremos al monstruo que nos tiene rodeados

Seis de febrero, 11:34 horas. La máquina emite el ticket de la ORA que acabo de pagar hasta las 12:36 y lo coloco bien visible en el coche, que está aparcado relativamente cerca de la delegación provincial de la AEAT, la del Ministerio de Hacienda que antes dirigía Montoro y ahora Montero, donde tengo cita concertada por unas diferencias antiguas sobre liquidaciones del IVA. Tres minutos después atravieso la gran puerta, supero el control de seguridad sin sorpresas y me cuadro ante la pantalla pequeña pero global del sistema de confirmación de asistencia a las citas previamente concertadas, todo lo cual ha requerido 60 segundos más. Gestioné mi cita llamando por teléfono a un número central, donde me contestó una persona de verdad a las 10:43 horas del día 1 de febrero, viernes. La cita quedó señalada, de palabra y común acuerdo entre ambas partes, para las 11:35 horas de hoy, por eso estoy aquí, pero me llamó la atención que en el SMS que Hacienda me envió en tiempo real, pues sonó en mi móvil antes de terminar de hablar con mi interlocutora, figuraran las 11:20 horas. Como me daba igual, no llamé para aclarar lo que parecía un error. Además, hubiera sido una casualidad que me atendiera la misma persona, por lo que habría tenido que volver a explicar todo el rollo desde el principio por quince minutos de diferencia cuatro días después. En cualquier caso, y tal como usted habrá deducido si lleva la cuenta del tiempo, he llegado 18 minutos tarde sin mala intención, pero “mea culpa” igual. No obstante, mirando fijamente a la pantalla del sistema, pienso: si tienen esto para confirmar “in situ” las citas que se han pactado antes por teléfono será para poder agilizar y regularizar sobre la marcha, dando una nueva oportunidad para los que llegan tarde si los que no acuden, siempre hay quien falla sin avisar, han dejado huecos libres. Tampoco parece un algoritmo excesivamente complejo y podría servir para mi caso. Con esa ilusión en la cabeza me atrevo a introducir el número de mi DNI y veo que me reconoce y hasta me concede la cita H-6 para las 11:52. Gratamente sorprendido, me quedo a esperar donde me indica el papelito, en la sala A de la planta baja. Veinte minutos después de la nueva hora adjudicada, o sea, siendo las 12:12 horas, la pantalla grande junto al techo ya ha llamado a catorce contribuyentes, pero no a mí, por lo que me acerco al mostrador más cercano. Desde ese me envían a otro, el previsto para atender estos menesteres, en el que también dos personas autorizadas me dicen que el problema reside en que yo he llegado tarde y que los funcionarios del IVA dejan de dar citas a las 11:30 horas, a lo que les respondo que no comprendo entonces por qué motivo el sistema me ha dado cita para las 11:52 cuando la había pedido a las 11:38 horas, es decir, fuera de plazo. ¿No les parece que el sistema de citas tiene vida propia? les pregunto, mientras apunto a la pantalla con el dedo de señalar. Me contestan que ellos no saben, no contestan y no pueden, con voz de haber respondido lo mismo millones de veces, y que suba a la segunda planta, al departamento de IVA, por si quieren atenderme, y también que exponga allí mi queja. Subo, en este momento son las 12:20 horas y, evidentemente, me he olvidado de la ORA, del coche y hasta de todo lo que no sea el Ministerio de Hacienda. Entro en un despacho y a quien me recibe le explico que no me cuadra el funcionamiento del sistema de confirmación de asistencia a las citas y que, como escribo en algunos digitales, lo contaré con el ánimo de mejorar el funcionamiento de la Administración, por si desea informarme mejor. Le parece muy bien, y me cuenta que es un sistema centralizado que funciona igual en toda España y que han planteado las incidencias, pero en Madrid no les hacen ni caso, como cuando hace dos o tres inviernos el público se quejaba del frío que hacía en Hacienda, doy fe, y los funcionarios trajeron estufas de sus casas, pero que no les dejaron enchufarlas para no aumentar el gasto en electricidad. Cuando salgo, recuerdo de repente lo de mi coche. Llego a las 12:50 y ningún agente de la ORA me ha puesto la multa, evidentemente merecida, pues que le importará al Ayuntamiento la mayor o menor eficacia de Madrid, sobre todo si eso provoca incidencias que se convierten en multas, es decir, ingresos. Aunque también es probable que el concejal que rige la policía municipal haya ordenado unos minutos de gracia a quienes tenemos la desgracia de llegar tarde a cambiar la ORA. Me he librado por los pelos. Por cierto, todos los funcionarios de Hacienda me han atendido perfectamente, al margen de que el verdadero motivo de mi cita con el departamento de IVA correspondiera a una sucesión de errores del “censo” de administradores de los que no soy responsable, y tampoco lo es el personal de Hacienda. En las incoherencias del sistema de emisión y confirmación de citas tampoco interviene nadie de la administración periférica. Pensando en todo esto recapitulo y me viene a la cabeza la maldad de que, a pesar de que el día 1 acordé verbalmente la cita para las 11:35 del día 6, lo del SMS a las 11:20 quizás no fuera un error, sino un proceso ajeno a la persona que me atendió, pues probablemente no sabía que los funcionarios de esta delegación de Hacienda, una entre muchas, dejaban de dar citas a las 11:30 horas, algo que, en cambio, quizás lo introdujo alguien en el sistema y nadie lo recuerda ni aparece en las pantallas del “call center”. Después se implementan actualizaciones del software y comienzan los errores a su informático albedrío. ¿Cuántos cientos de casos reproducen en toda España micro molestias como la descrita durante cada jornada? Y, por cierto, me parece de lo más normal que los funcionarios dejen de dar citas a esa hora relativamente temprana, pues sin duda lo hacen para poder resolver los nuevos expedientes que cada día se acumulan tras los recortes de personal aplicados durante la crisis.

Seguro que el núcleo central del sistema de citas en Hacienda “vive” en Madrid. Allí fue donde nací y disfruté los riesgos más jóvenes y me gusta regresar, pero eso no ocurrirá el domingo 10 de febrero, por mucho que los de Casado se ofrezcan a pagarme el viaje, un café con churros y el plato del día. Aunque solo sea porque nadie ignora de dónde y cómo han conseguido el dinero que guardan para debilitar a cualquier gobierno en el que no manden ellos.

sdr

Y, para mayor vergüenza, convocan por dos causas perdedoras.

Una es para pedir elecciones anticipadas, cuando no hace ni dos años que quienes sacaron a Pedro Sánchez de la dirección del PSOE fueron estrepitosamente derrotados en cuanto a sus propios “acreedores” (los afiliados del partido) les tuvieron que conceder la palabra en unas primarias históricas o, dicho de otra forma, ¿dónde está Susana? Y ahora, este trío de autoritarios, que parecen ciegos de odio y desmemoriados, quieren sacarlo de la presidencia del Gobierno. Si las malas artes que ustedes practican han colocado en La Moncloa a un guapo con estrella, deben aguantarse primero y a continuación cambiar de política. Pero no jueguen con fuego.

Y la otra consigna para la Plaza Colón de La Castellana es por la unidad de España, esa idea de la que han abusado tanto para su solo beneficio que hoy, a efectos prácticos, me recuerda a ese sistema centralizado de gestión de citas previamente concertadas que han implantado en el Ministerio de Hacienda.

Me convertiré en el Capitán Trueno contra cualquier frontera a partir del momento en que no quede ni una sola línea dibujando distancias sobre La Tierra. Pero, mientras tanto, una más o menos importa poco si detrás hay una emoción sentida, porque resulta mucho más caro frustrarlas que negociarlas.

A cambio, prefiero dejar de sentir la tentación, desde la ciudad en donde vivo, de echar la culpa de algo a la ciudad donde viví.

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