La Guardia Civil intercepta a más de 2.500 personas que pretendían entrar de forma ilegal a la Península desde Melilla

En  un  dispositivo  establecido  desde  principios del pasado mes de febrero, la Guardia Civil ha interceptado a 2.534 personas que pretendían entrar de forma ilegal a la zona restringida de seguridad del puerto de Melilla en el intento de acceder a los buques como polizones.

De estas más de 2500 personas, 76 eran menores de edad por lo que han sido trasladadas  y  puestas  a disposición de los   Servicios Sociales  de la Ciudad Autónoma. Asimismo, se ha reducido en un 80% la presencia de personas en zona restringida y se ha disminuido en un 70% el número de polizones en el interior de los buques en comparación con el año 2018.

Dispositivo de seguridad implantado

 Este dispositivo integral implantado ha constado de dos anillos de seguridad en la zona terrestre, el primero en la zona de tránsito público y el segundo en la zona restringida, además de la vigilancia por vía marítima.

El anillo exterior, el más visible para los ciudadanos, se ha situado a la entrada del puerto y sus zonas adyacentes. Entre los medios dispuestos se ha contado con dispositivos de “detectores móviles de latidos del corazón”, para tratar de localizar a personas ocultas en dobles fondos, al igual que los establecidos en los controles fronterizos.

También se han potenciado la presencia física de forma permanente en otros puntos sensibles de intrusión terrestres, para localizar y neutralizar a las personas.

Análisis de riesgo

Este dispositivo se ha desarrollado mientras se realizan las obras en materia de seguridad e impermeabilización que se acometen en el puerto de Melilla.

La finalidad de la implantación de este dispositivo ha sido velar por la seguridad de las  instalaciones portuarias, la seguridad pública y el de de las personas  que  ponen  en  riesgo  su  vida  con  el  fin  de  introducirse  como polizones en los buques, utilizando para ello múltiples procedimientos, como el    escalo,    dobles    fondos   en    vehículos,    sus    bajos    u    otros    que desafortunadamente han conllevado incluso a la muerte de algunos de ellos, como el último ocurrido el pasado 15 de enero, cuando una persona falleció por aplastamiento en los bajos de una cabeza tractora, donde se había ocultado.

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