Una afición idiotizada. Por Germán Rodríguez Conchado

Otro entrenador fuera. Y van nueve en cinco años. Con esta decisión el presidente Fernández echa un parche más a una realidad que vengo denunciando desde hace tiempo y que poco a poco se va imponiendo: su total y manifiesta  incapacidad para presidir un club de Primera. Ya se le acabó el discurso de la famosa “mochila” de Lendoiro. Lo que ha gastado Fernández en indemnizar entrenadores (que previamente había fichado asegurando que eran lo más de lo más) ha supuesto un importe equivalente a la deuda del club para los próximos diez años.

Pero no pasa nada, hay una (incomprensible) mayoría de socios que lo siguen apoyando. Y esto nos tiene que llevar a pensar a cada uno de los socios ¿Qué hago yo aquí? Tenemos que plantearnos si “esto” en que el presidente Fernández ha convertido al Deportivo es el equipo al que queremos pertenecer, con el que nos sentimos identificados, es lo que realmente pensamos que es o, por el contario, es otra cosa distinta aunque conserve el mismo escudo y los mismos colores. Como los trileros, el presidente Fernández nos ha metido la bolita en otro cubilete distinto al que pensábamos. Este Deportivo ya no es el Club que representa la voluntad (y la mentalidad) de los socios que lo integran; este Deportivo se ha convertido en el cortijo particular del presidente Fernández y de unos cuantos amigos que lo apoyan interesadamente (v. gr. Estrella de Galicia) en defensa de sus intereses particulares y  en donde el resto de los socios se han convertido en simples comparsas que no tienen más papel que asistir totalmente inermes a las esperpénticas decisiones que adopta el presidente Fernández desde su demostrada ineptitud. Y pagar. Por encima, pagar para no pintar nada porque da igual lo que digan. El sábado pasado gritaron un poquito en el estadio, pero ya inmediatamente el presidente Fernández  lanzó sus obedientes mesnadas de la prensa domesticada para  narcotizar a la afición con el mantra de la gestión económica. Aún no había acabado el partido del Majadahonda y en una emisora local ya se afirmaba que los culpables eran los responsables de la parcela deportiva incluyendo en ella a los jugadores, al entrenador y al secretario técnico, porque, decía, la función del presidente (la directiva) es recabar los recursos económicos necesarios y no es responsable de los resultados deportivos. Cualquiera que tenga dos dedos de frente pensará “Pero ¿Cómo se puede decir eso?

çNo es entendible que un medio de comunicación diga que el presidente de un club de fútbol profesional no es responsable de la gestión deportiva y que solo le incumbe recabar los medios económicos necesarios. Cualquier persona normal, aunque no sea aficionada al fútbol entiende fácilmente que la primera y principal (y para muchos, la única) responsabilidad de un presidente de un club profesional es la gestión deportiva. Al resultado de la gestión deportiva van orientadas y dirigidas todas las actuaciones que se lleven a cabo en el club. ¡Todas! Y por tanto, el resto de las actuaciones de cualquier clase, desde el diseño de las camisetas hasta  el color de los asientos, pasando naturalmente por la gestión económica, son buenas o malas, según sea bueno o malo el resultado de la gestión deportiva.

El objetivo del Depor esta temporada es ascender a Primera. Y si se asciende a Primera la gestión del presidente habrá sido buena y si no se asciende habrá sido mala. Y en ese caso, dará exactamente igual que el diseño de las camisetas haya sido acertado o no, o que el color de los asientos haya sido acertado o no o que la gestión económica haya sido acertada o no porque si no se asciende la gestión del presidente en su conjunto y en su totalidad habrá sido un fracaso. Y esto es lo que percibe la gente normal  entienda o no entienda de fútbol, porque eso es una simple cuestión de inteligencia y de sentido común.

Y por ello, el presidente Fernández trata de alejar a los aficionados de la inteligencia y del sentido común. Pretende convencer a los aficionados de que aunque el resultado de la gestión deportiva sea un fracaso, si la gestión económica ha sido buena él no tiene la culpa de nada. Eso es cosa de los jugadores, del entrenador y del secretario técnico, que son unos traidores y que están “vendidos al oro de Moscú” pero no de él, ¡Pobrecito! Es necesario para que el mantra de la gestión económica funcione eficazmente tener una afición idiotizada. Parece claro que una parte (de momento mayoritaria) de la afición del Depor está entregada al presidente Fernández, y ha abandonado toda capacidad crítica e incluso se ha alejado de un mínimo de sentido común; salvo unos tímidos gritos de “Directiva dimisión” la mayoría del estadio no expresó con la necesaria contundencia y claridad su rechazo a una gestión que viene siendo nefasta desde sus inicios.

Recordemos que después de un ascenso (cocinado por Lendoiro que le puso en las manos una plantilla y un entrenador para ascender, sin que tuviera que hacer nada) se mantuvo tres años seguidos en Primera sin pasar del puesto 16 hasta que el año pasado descendió a Segunda. Y este año con el tercer presupuesto de la categoría (solo medio millón menos que el segundo) está teniendo dificultades para meterse en el “play off” y la afición (una mayoría), como si lloviera. El presidente Fernández (y la prensa domesticada que lo sostiene) ya ha iniciado su campaña para anticiparse al desastre que supondría no ascender (solo quedan dos meses) derivando al entrenador cesado la responsabilidad que solo a él le corresponde por haber decidido su fichaje.

Hay que empezar pronto a idiotizar (aún más) a la afición. A la vista de los precedentes, no parece que sea muy difícil. Desde luego no lo son todos pero tampoco es necesario, bastará con que sean mayoría, que ya son. El resto, los que consigan conservar un rastro de inteligencia y sentido común, no tendrán más remedio que acabar abandonando “esto” en que ha convertido al Depor el presidente Fernández  (que no es el Deportivo que conocíamos antes de su llegada, es otra cosa), y dejar que éste llegue a ser lo único que puede ser: el presidente de una afición (mayoritariamente) idiotizada, el “number one” de los idiotas en un club de Segunda, porque para estar en Primera, los primeros que tienen que ser de Primera son los socios y está claro que los que apoyan a Fernández, no lo son. Así nos va

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