Real Club Deportivo de la Estrella de Galicia, Sociedad Anónima Deportiva. Por Germán Rodríguez Conchado

Muchos aficionados, sobre todo los mas veteranos, debido sin duda a una cierta inercia mental, cuando pensamos en el Deportivo pensamos en él como algo propio, que nos pertenece y al que sentimos que pertenecemos, en muchos casos porque así nos lo transmitieron nuestros padres. Así era antes, pero ya no es así. Desde que a Gómez Navarro en 1.992 se le ocurrió convertir a los clubes deportivos en sociedades anónimas especiales, los clubes deportivos pasaron a integrar el concepto mercantilista de las acciones propio de las sociedades de capital, de tal manera que antes los socios tenían una parte alícuota de la propiedad del Club que se dividía en tantas partes como socios hubiera, pero ahora los socios no pintan nada y solo cuenta el número de acciones que se tenga, se sea o no socio en el sentido de tener derecho a asistir a los partidos.

En el Deportivo se hizo una transición a este sistema que resultó modélica y reconocida en toda España. Consistía en repartir el total capital del club en dos acciones para cada socio, sin las cuales no tenía derecho a asistir a los partidos (salvo sacando una entrada); así se mantenía la plena identificación del antiguo concepto de socio con el nuevo, para que el club siguiese perteneciendo a “sus” socios. Lo hizo Lendoiro, aunque también se le niega ese mérito indiscutible, y en el diseño de esa transición quien esto escribe tuvo una importante participación de la que me siento sumamente orgulloso.  Pero la introducción en los clubes del sistema capitalista de las acciones poco a poco fue minando la inicial estructura, y las principales características del sistema capitalista, (el acopio de bienes y su especulación), concentró las acciones en las manos de unos pocos. Y el Deportivo dejó progresivamente de pertenecer a los socios y pasó a pertenecer a los capitalistas.

El último peldaño de esta escalada fue la ampliación de capital llevada a cabo por  FERNÁNDEZ. Esta ampliación, que fue la más opaca de las que se hicieron en el Deportivo pues se presentó como una exigencia del Convenio de Hacienda, pero nunca se dio a conocer ese Convenio y por lo tanto, se desconoce la causa y el fin de esa ampliación, propició que, “casualmente” el mayor beneficiario de esa ampliación fuera el propio FERNÁNDEZ que, de esta manera, y mediante un claro uso de “información privilegiada” (él conocía el Convenio y los demás socios no) pasó a convertirse en uno de los principales accionistas de la sociedad. Y aquí estamos.

El Deportivo ya no es de los socios (que ya ni siquiera se llaman socios sino abonados), de los que van a los partidos, a los desplazamientos y lloran y ríen con las derrotas y con las victorias.

Ahora el Deportivo es de una pandilla de especuladores capitalistas que en la mayoría de los casos ni siquiera va al campo y que de lo único de que se ocupan es de rentabilizar su paquete de acciones que, en el plano capitalista, es lo  único que justifica la inversión. Los casos más significativos son Estrella de Galicia y Abanca que por la presión de sus acciones sobre el Consejo han hecho contratos con el Depor a precios sumamente ventajosos (para ellos, claro). En esta situación, la alegría de la fuente de Cuatro Caminos, las lágrimas del descenso, o el “sentimiento” deportivista solo son “oportunidades de negocio” para los especuladores. Y cualquier día un chino o cualquier otro especulador  comprará esas acciones en manos de estos capitalistas  y quizás se lleve el equipo a otra ciudad, pasándose por la peineta las lágrimas de los descensos, las alegrías de Cuatro Caminos y el “sentimiento” que significa el Deportivo para mucha gente honesta a los que, “por la puerta de atrás” estos auténticos carroñeros han  robado el objeto de ese sentimiento y los han convertido en “parias”, en “marginales”, en auténtica “morralla” que no son nada ni pintan nada en el club.

Esto, que es de una evidencia cegadora y lo  puede ver cualquiera que tenga dos dedos de frente, la mayoría de los aficionados son incapaces de verlo, y (sobre todo los más jóvenes) siguen dejándose la garganta en los partidos, haciendo miles de kilómetros para acompañar al equipo y haciendo verdaderos equilibrios económicos para sostener con notable esfuerzo a un club que ya no es de ellos, al que no le importan nada, en el que no pintan nada, y que los utiliza y trata como  verdadera “carne de cañón” como simples “bultos de carne” para rellenar las gradas, que en definitiva es para lo único que sirven en el club, pues ni siquiera el dinero de sus abonos es significativo al lado de los ingresos de TV.

Siento verdadera pena cuando oigo o leo algún comentario de aficionados (generalmente de los más jóvenes, insisto en ello, porque es de quien depende el futuro) que, más allá del acierto o desacierto de su contenido (a veces crítico contra quien esto escribe), denotan un sentimiento de pertenencia y de identificación con unos colores y unos valores que ya no existen, que se los han robado “por el procedimiento del tirón” y sin que ni siquiera se hayan dado cuenta. Lo que están animando, defendiendo y promoviendo son los intereses de los especuladores capitalistas encabezados por Estrella de Galicia, Abanca y Altia (y media docena más) que, en momentos puntuales como este de las elecciones, salen de debajo de la piel de cordero de “deportivistas de toda la vida”, y acaban enseñando la oreja de lobos para seguir manteniendo el control del Club a los efectos de mantener los pingües negocios, que de ello se derivan.

A veces se pasan, y entonces se nota más, pero en seguida repliegan velas convenientemente ayudados por una prensa totalmente domesticada y sometida a los mismos intereses capitalistas. Como esa operación de llevar a la presidencia a Mauro Silva promovida por Estrella de Galicia y con la que ha dado un paso más en su control. Ya no le basta con apoyar a un candidato como hizo con FERNÁNDEZ. Ahora elige al candidato. ¿Y Altia y Abanca? Bien, gracias. Entre bueyes no hay cornadas El siguiente paso está muy claro ¿Para que vamos a apoyar a un candidato si podemos poner nosotros a “uno de los nuestros”? Así se ha cerrado el círculo.

En estas elecciones no va a salir un candidato con criterio, con personalidad, con ideas propias; va a salir un “títere” una “marioneta”, un “hombre de paja”  de los buitres capitalistas, alguien que no les estropee el negocio y que proteja y defienda los intereses de éstos. ¿Y que podemos hacer ante esto? No es fácil, pero la primera consigna es no rendirnos y luchar por lo que es nuestro y no dejar que nos lo arrebaten definitivamente. Lo primero es la organización.

Tenemos que organizarnos y la única forma de hacerlo es constituirnos en Asociación, en una Asociación de Pequeños Accionistas que reivindique de forma activa la cuota de propiedad del Club que nos corresponde y revise esa más que sospechosa ampliación de capital.

Hay que darse prisa para aprovechar que los especuladores capitalistas no tienen (todavía) el 50% del Club y eso quiere decir que la mayoría es de los pequeños accionistas, pero no estamos organizados, vamos por libre, y así nos va. En estas elecciones no van a votar más de un 30% de las acciones del Club, lo que quiere decir que el 70% de ellas no votará. Muchas de esas acciones (aproximadamente la mitad, 35%) han “desaparecido” no tienen propietario conocido, se han perdido por fallecimiento de sus titulares sin que hayan sido heredadas de forma conocida, ni siquiera por el Estado. Están en un auténtico limbo que las convierte en no operativas. Hay que reactivar esas acciones, devolverlas al mercado para que las adquieran a un precio simbólico (cinco euros, por ejemplo) los aficionados o los pequeños accionistas con exclusión de los grandes accionistas.  Ya se que a partir de esta buena idea (que ni siquiera es mía sino de mi amigo José Luis Pereira),  surgirán los negativistas, los derrotistas, los apóstoles del “no”,  diciendo que eso no se puede hacer y que no valdrá para nada, como pasa con todas las buenas  ideas. Les aseguro que sí se puede hacer (ya dije que no es fácil) y sí valdrá para devolver el protagonismo del Depor a quien nunca debió de perderlo, los aficionados.

La alternativa es cruzarse de brazos y contemplar pasivamente como se ríen de nosotros los buitres capitalistas. Si hay un número suficiente de accionistas capaz de entender esto e interesados en llevarlo adelante, hablaremos de ello. Si no es así diremos adiós al REAL CLUB DEPORTIVO DE LA ESTRELLA DE GALICIA (y/o Altia, Abanca y media docena más), SOCIEDAD ANÓNIMA DEPORTIVA.

Fue bonito mientras duró.

Un comentario

  • Nacho

    Lamentable artículo de un tío que quería desangrar al Depor reclamamdo sus supuestos honorarios. No se representa ni a si mismo y quiere representar a una masa social. De verguenza ajena. Los aficionados no nos merecemos esto.

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