Las grandes voces miden las grandes causas con varas distintas.

Cada día, los medios se declaran admiradores de las causas que enarbolaron líderes que hoy nadie cuestiona. Querían cambiar leyes impecablemente democráticas, pero que resultaban lesivas para algunos colectivos. Y en muchas ocasiones no les quedaba más remedio que incumplirlas, terminando algunos en la cárcel.

Las voces más escuchadas compiten a la hora de admirar a las sufragistas que luchaban por el voto femenino, a Rosa Parks y M.L. King contra las leyes raciales, a LGTB saliendo del armario para vivir de día, a los insumisos que se negaban a la mili y a quienes, como Monguilod hoy, quieren acabar con su enfermedad terminal falleciendo con dignidad.

Pero esas mismas voces, tan mediáticas, compiten a la hora de despreciar a los independentistas catalanes, el tema líder en los informativos de cada día.

Me gustaría saber en que desmerece, respecto de tantas causas admirables, la lucha pacífica que los catalanes republicanos están librando para romper con la única monarquía europea restaurada por un dictador aliado de los nazis, mientras las otras coronas permanecieron, junto a sus pueblos, contra aquellos asesinos.

Es absolutamente lógico que la mayoría de catalanes (lo dicen todas las encuestas) rechacen una institución que, ante algo tan poco violento como unas urnas no consentidas, amenace y aliente la división social, tal como lo hizo el tres de octubre de 2017, y, en periodos menos conflictivos, se dedique a participar de la corrupción, gracias a la inmunidad del Rey.

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