RCD: HISTORIA DE UN PUCHERAZO- y Episodio IV. No habrá paz para los malvados

ALM- DeporLeaks

En capítulos anteriores de este serial cinéfilo relatábamos las causas y consecuencias de la manipulación perpetrada en las elecciones deportivistas que desembocaron en la actual situación, indeseada para el sentir general, según se ha podido comprobar en los distintos foros deportivistas.

Pero por si lo anterior no fuera suficiente, en los últimos días se ha acrecentado extraordinariamente una sospecha que hace tiempo rondaba en los mentideros deportivistas: la ampliación de capital fue desarrollada y concluida de forma irregular. Más allá de hechos concretos y sus pruebas (necesarias para esclarecer dudas), lo cierto es que el límite del 1% como tope en la adquisición era patente en las bases reglamentarias del proceso. Sin embargo, a la vista de la composición final del accionariado, se puede comprobar lo que se ha denunciado:

que unas pocas personas físicas tienen la titularidad de un límite tremendamente superior al establecido, lo que supone en la práctica el control de hecho del club, vulnerando las “reglas del juego” y el espíritu histórico de la institución blanquiazul.

Además de otras, la primera consecuencia de irregularidad ha sido para los pequeños accionistas (que adquirimos acciones de buena fe, con ánimo de ayudar al club) la no necesidad de las aportaciones efectuadas. Más si cabe, cuando esos desembolsos dinerarios lo eran a fondo perdido.

Al contrario de las ampliaciones anteriores, donde la inversión se amortizaba –con creces- en descuentos de carnets durante varias temporadas.

Estas forma de convocar la ampliación de capital, sin incentivos al inversor, ha demostrado la razón de su propuesta: se trataba de regular un proceso largo y tedioso, nada atractivo para un inversor habitual (recordemos que el club es una sociedad de capital), para que los mismos promotores del proceso pudieran adquirir acciones libremente (en algún caso, saltándose las reglas de forma burda) que les convirtieran por derecho en los principales dueños del club con una inversión mínima, en relación al valor final del total del capital resultante del proceso ampliatorio.

Dicho en “román paladino”: el objetivo era quitarle el club a sus socios, con un fin perverso…

Así las cosas, y con el añadido de los adulterados resultados electorales, nos encontramos ante una situación de máxima tensión entre el sentir deportivista. Reforzado además, cuando ese actuar engañoso viene jaleado por gacetilleros a sueldo, con el único –y nada inteligente argumento- de que manifestarse contra esa situación es hacerlo también contra el club.

Es evidente que estos aplaudidores no se han parado a pensar que quien jalea una estafa lo convierte en cómplice (jurídico y moral) de la misma.

En consecuencia, para las fechas inminentes nos atrevemos a aventurar dos caminos diferentes para nuestro querido club: por un lado, el plano puramente futbolístico, donde la plantilla disputará sus competiciones con el apoyo incondicional de su hinchada; y por el otro, el institucional o societario, donde se aventuran diversos movimientos (judiciales y sociales) de deportivistas que no están dispuestos a tolerar una situación de engaño: que les han quitado el club “de los fuciños”, para dirigirlo por quién ellos decidan y cómo ellos estimen.

Por eso concluimos este serial, augurando que NO HABRÁ PAZ PARA LOS MALVADOS. Permanezcan atentos…

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