Aprender en 2019 de la investidura interrumpida en 1981

Si los secretos oficiales que solo ponen en peligro las andanzas de nuestros golpistas habituales no estuvieran tan celosamente guardados, las amenazas ocultas contra la libertad de todos no existirían.

La investidura de Calvo Sotelo en febrero de 1981.

La primera vez que fracasó una votación de investidura desde que se aprobó la Constitución fue aquel 23 de febrero. Pensando en la de ahora de Sánchez, tan atascada, recordaremos, de lo poco que sabemos, algunos de los momentos más sospechosos tras los disparos de Tejero y su banda de guardia civiles en el Congreso.

Juan Carlos I, en adelante JC1, ya era inviolable, pero apareció, militar, de madrugada. Podría no haberlo hecho en persona, pues los mandos habían cumplido la orden de retirada que les acababa de dar. Pero tampoco debemos olvidar que, con algunos de ellos, el propio JC1 llevaba tiempo intrigando, que Suárez ya no estaba en La Moncloa y que, por tanto, la toma del Congreso sobraba. Pero ocurrió lo de tantas veces cuando alguien agita las salas de banderas. Quedan flecos en movimiento.

JC1 convirtió aquella pantalla de TV en un tribunal en que él y solo él lo fue todo, juez, fiscal y acusado, porque solo él lo sabía todo. Y se declaró inocente, y hasta héroe, porque sabía que nadie abriría la boca contra él. Jamás.

Puede usted confiar o no en este relato, pero lo que sí puede es estar seguro de que nadie abrirá tampoco el cofre de los secretos oficiales que contiene las respuestas. ¿O existe algún valiente por las alturas?

Después, durante la mañana del día 24, el “héroe” JC1 se reunió con la Junta de Defensa Nacional. Después lo hizo, en grupo, con Agustín Rodríguez Sahagún, Felipe González, Santiago Carrillo, Manuel Fraga y Adolfo Suárez, no constando que ninguno de ellos le pidiera explicaciones sobre la reunión mantenida con los jefes militares. Sí se sabe que González y Carrillo dijeron que, al día siguiente, sus diputados votarían lo mismo que el día 20.

Por cierto, ¿ha echado usted a alguien en falta, entre los políticos?

La entrada de Tejero en el Congreso se había producido durante la segunda sesión de investidura de Calvo Sotelo, interrumpiendo la votación a la altura del diputado Núñez Encabo.

Pero la primera votación, aunque fracasó como las de Sánchez, se había completado sin altercados tres días antes, el 20 de febrero. Calvo Sotelo obtuvo 169 votos, por lo que le faltaron siete. Los diputados catalanes de CiU, que eran nueve, se abstuvieron todos. Su voto a favor le habría dado la investidura y aquella acción militar se habría tenido que urdir en otro momento.

¿Pero, quién, con dos dedos de frente, puede pensar que los catalanes estuvieran implicados en un golpe de estado para imponer en La Moncloa a un general con el aroma de Franco?

Resulta mucho más plausible reparar en la extraña votación llevada a cabo, también el día 20, por el grupo parlamentario de Coalición Democrática, liderado por Manuel Fraga Iribarne, ministro del dictador por si la memoria nos falla y con todo su franquismo particular intacto, aunque disfrazado.

De los nueve diputados de Coalición Democrática, el día 20 tres habían votado a favor de Calvo Sotelo, pero los seis restantes se abstuvieron.

¿Cuándo se ha visto tanta anarquía en un partido de derechas de España?

Si los de Fraga hubieran votado todos a favor el día 20, hubiera bastado un solo voto de cualquier otro grupo, incluso por error, para que el golpe de Armada-Milans-Tejero y muchos más, y quizás alimentado por JC1, tuviera que organizarse de otra manera. O anularse.

Porque, de insistir en el plan golpista, si JC1 hubiera intervenido habría tenido que pasar por encima de un gobierno en pleno ejercicio de sus funciones.

Estas cosas tan impertinentes solo las hace un tal Felipe VI, en adelante F6, y más si el día cae en 3 de octubre de 2017.

Con el paso de los años solo hemos conseguido que aumenten la irresponsabilidad y el autoritarismo de cualquier español borbón y coronado.

Pero sigamos con los acontecimientos.

La segunda votación se realizó el 25 de febrero. ¿Se habría conseguido la investidura de Calvo Sotelo si, en lugar de iniciarse otra vez desde el principio, se hubieran validado todos los votos del día 23, más de la mitad, llamando a votar en primer lugar al diputado antes citado, al que interrumpieron los golpistas de la Guardia Civil? ¿No era esto los que exigía un triunfo decente de la democracia, para no reconocerle al golpe ningún efecto?

¿Qué postura defendió Fraga en la reunión del 24 con JC1 y los demás?

Quizás lo ocurrido en la votación del día 25 nos ayude.

Los nueve diputados de CiU, que se habían abstenido el día 20, votaron todos a favor el día 25. Aquella decisión del grupo catalán sirvió para asegurar que el poder legal nacido de las urnas de 1979 regresara a La Moncloa, tras el ataque perpetrado desde La Zarzuela, y al margen del papel real que JC1 hubiera cumplido en la estrategia de desestabilización.

Además, los seis diputados del grupo de nueve liderado por Fraga, que se habían abstenido el día 20, cambiaron su voto a favor de Calvo Sotelo. El giro más sospechoso de todos porque la del 23 era ya la segunda votación. Aún hay quien recuerda al Fraga molesto de aquella noche, pues los de Tejero manifestaron hacia él cierta deferencia.

De los restantes diputados, solo dos cambiaron el sentido de su voto, también a favor.

Por si usted se había olvidado de la pregunta que le hice en el séptimo párrafo, a aquella reunión del 24 con JC1 no asistieron ni el líder de los diputados de CiU ni el de los del PNV.

¿Habrían faltado a la reunión si quien la convocó la hubiera condicionado a su presencia? De nuevo, los secretos oficiales.

En aquel encuentro con JC1, salvo que el cofre de los secretos se abra y diga lo contrario, a nadie se le ocurrió proponer, por ejemplo, una investidura unánime, o casi, ofreciendo los votos de sus diputados a cambio de inhabilitaciones de franquistas y reformas legales que permitieran blindar mejor las libertades. Es lo que hubiera procedido, en consonancia con las grandes manifestaciones populares en defensa de la democracia que se celebraron en todas las capitales de provincia, excepto Pamplona, el día 27.

Por tanto, los líderes políticos de la primera transición hicieron dejación de su responsabilidad y entregaron el poder efectivo durante los momentos críticos a una  persona no votada por nadie: un rey.

¿Recuerda usted lo que ocurrió en octubre de 2017, cuando el poder decidió que vivíamos otro momento crítico? Si, lo de F6. Esto usted ya lo ha leído.

Y cuando el PSOE consiguió gobernar en 1982 tampoco removió nada importante a favor de la libertad. Ni siquiera destapó los secretos oficiales. Es tan fuerte la tentación de saber cosas que les son negadas a los contribuyentes normales…

El contexto de la investidura fracasada de Sánchez.

Ahora podemos dar el salto en el tiempo, no sin antes recordar al Rajoy que, desde la oposición, recogía firmas contra un Estatut refrendado en urnas legales por los catalanes, y también por el Congreso, pero anulado después por el TC a instancias del PP.

Sí, se trataba de los mismos catalanes que cambiaron el voto de todos sus diputados para asegurar la estabilidad monárquica, en un momento crítico de la misma España que hoy, decepcionados, quieren abandonar.

¿Alguien puede asegurar que no estemos en una situación tan inestable como aquella de la primera transición, aunque los protagonistas sean otros?

No parece que vaya a entrar un Tejero en el Congreso, aunque la tentación de otro gobierno también en funciones sea muy fuerte, y más con lo mucho que gritan contra Sánchez los Abascal, Casado y Rivera. Pero a estas alturas las armas de fuego están mal vistas.

El relevo en el liderazgo de la amenaza autoritaria en España ha pasado a manos de jueces a quienes los políticos cobardes han empoderado. Se trata de personajes como Marchena, alguien tan poco independiente que no fue capaz de romper la baraja y decir “o Cosido o yo” tras el wapp del senador que lo dejaba con el culo al aire, como un muñeco del PP en el Supremo y manejable desde atrás.

El citado Marchena y la Sala Segunda del Supremo se saben armados con la sentencia que, cual artefacto explosivo en fase de montaje, tienen entre manos. Nosotros solo sabemos que será potente, pero no cuando estallará ni la respuesta que recibirán por parte de los millones de votantes que apoyan a los que serán castigados en su nombre por, entre otras cosas, no haber acertado a refugiarse en Europa.

Tras casi 40 años bajo las condiciones políticas definidas en el momento histórico de un golpe de estado violento y autoritario, nos encontramos con un “golpismo” de nuevo cuño insertado en los organismos de intervención inmediata, policía, espionaje y justicia, mucho más rápidos contra cualquier expresión de libertad molesta que contra la corrupción masiva que se ha hecho dueña de tanto espacio en la política.

Y una más: en condiciones de verdadera independencia entre poderes, las cloacas del Estado/Villarejo jamás habrían alcanzado tan descomunal tamaño.

Aunque todo parezca perdido…

…quizás existen soluciones. Algunas no son aptas para cobardes.

Solo es posible derrotar a un entramado tan peligroso para la libertad si los partidos que creen en ella se “arman”, asumiendo el mando del miedo que a los golpistas infunde la verdadera transparencia.

¿Se atreverá Unidas Podemos, antes de que Sánchez quede atrapado por la peligrosa derecha española, a ofrecerle los votos de sus diputados a cambio de abrir ya el cofre de los secretos oficiales?

Si UP no se atreve pensaremos en lo fuerte que es la tentación de saber cosas que son negadas a los contribuyentes normales… La información es poder. Pero esto también lo hemos dicho antes, cuando hablábamos de Felipe González.

Y si los de Iglesias pusieran esa condición, ¿se atreverá entonces el PSOE a aceptarla, o preferirá unirse al bloque de la derecha, a la que tanto le pide su abstención?

Es más, ¿regalará entonces la derecha sus votos a Sánchez, con tal de mantener el cofre cerrado? La verdad, me gustaría ver esa película.

En caso de no aceptar investidura a cambio de secretos, Sánchez no tendría tan fácil lo de explicarlo a sus votantes.

Todos los demás asuntos de un programa de gobierno son muy importantes, pero no resolver uno que sea crítico puede poner en peligro el resto entero.

No se trata de abrir el cofre para confirmar, o no, las especulaciones del pasado.

Encender la luz sobre los secretos oficiales puede significar la derrota de la derecha española hasta que se convierta en europea. Y eso tiene un valor incalculable.

La otra solución para conocer millones de verdades ocultas es proclamar de una vez la III República. La que hubieran votado los españoles de las encuestas que solo conocía Suarez, según el secreto que sí se adelantó a desvelar Victoria Prego.

Pero a querer la república solo se atreven en Catalunya.

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