Reflexiones de Manuel Tato. El arte de la verdad y sus principios

Me crié en un barrio populoso y popular de A Coruña, Los Mallos-Vioño-Sagrada Familia, que como en casi toda España sufrió la triste “moda” de las drogas. He visto  desaparecer a compañeros de juegos infantiles, vecinos del barrio arruinarse porque sus hijos habían caído en la droga.

A pesar de las desgracias, era un barrio alegre, esa alegría que proporciona el poder jugar  con un balón, canicas,  escondite, a la mariola con las niñas de la calle y nuestra premisa principal era tratar de que se parara el tiempo. Recuerdo jugar memorables partidos de fútbol contra equipos de otros barrios y si uno lloraba o se lastimaba parábamos el juego, nuestro amigo era más importante.

Tiempos que la hermandad era total, si a uno de nuestros amigos lo castigaba sus padres íbamos todos a llamarlo al timbre, luchábamos hasta la extenuación por ese levantamiento de castigo. No convivimos con la mentira, éramos de un barrio humilde pero al fin y al cabo una familia. Conocíamos a las personas y crecimos sin mentiras, unos eran graciosos y otros caían en gracia, había siempre un máximo respeto a las chicas.

Fuimos creciendo y separando vidas, el destino, la vida, no había Facebook, Instagram y Twitter, ni páginas de contactos, el único contacto era el….hola me llamo.

Los tiempos cambian y sin embargo, nadie a día de hoy sigue siendo más importante que nadie, cada uno con su profesión, unos con títulos e inteligencia y otros con habilidades, desparpajo y lucha diaria para poder obtener el sueño que todos deseamos. Por desgracia no todas las familias, por su nivel económico, pudieron enviar a sus hijos a la Universidad.

A través del tiempo, lo que no sabes te lo cuentan, o aparece en una red social como a quien le das a un me gusta o te etiquetan, la base de todo es conocer a la persona y corregir al equivocado, por muy amigo que sea, pues nunca es tarde.

Educar a los niños es una obligación, prepararlos para un futuro emocional y cruel, en donde deben de rodearse de personas y olvidarse de nombres, tener la capacidad y humildad de reconocer los errores y el respeto. Según los eduquemos crecerán, y harán un mundo mejor. El futuro de las últimas generaciones no depende en cierta medida que sepan que la vida real no es como una Playstation, en donde se apaga y ya pasaremos la pantalla, una disculpa a un compañero, un como estás, un abrazo, un saludo.

Son reflexiones de vivencias, de situaciones que casi todas personas de mi generación hemos vivido. No es fácil abrirse paso en una sociedad tremendamente competitiva, tesón, fuerza de voluntad y superación, en muchas personas provoca una dosis de adrenalina especial para triunfar en la vida. Otros se conforman con lo estrictamente necesario y luego dicen que son felices. Cada persona tiene sus prioridades, es obvio que las mías son luchar y luchar.

Este Año, seguramente volveré a entrenar a algún equipo de fútbol, en donde desde el primer día y lo primero que hago es mantener una reunión con los padres y lo único que les transmito es que sus niños aprenderán a ser educados y buenos compañeros antes que futbolistas.

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