“Más país” de Errejón, la LOREG y más abstenciones, o no. Por Domingo Sanz

Millones de personas se preguntan si las papeletas de “Más país” en las mesas electorales movilizarán a los desmoralizados por el fracaso negociador del dúo imposible Sánchez/Iglesias, o terminarán recortando la suma actual de 165 escaños PSOE+UP, dado el castigo que la LOREG proporciona sin piedad a todos los que se dividen.

Bien lo sabe Casado, que no para de insistir ahora con su “España SUMA”, aunque durante cuarenta años no se quejaron jamás los del PP del sistema de atribución de escaños contemplado en la citada ley electoral. Podría ser, quien sabe, porque, convocatoria tras convocatoria, las noches electorales tergiversaron a su favor el poder parlamentario correspondiente a un total de 8.763.044 votos de electores que los habían depositado en las urnas a favor de otras candidaturas. Todo legal, por supuesto.

Esos casi nueve millones son solo una parte de los 37.540.235 votos que, incumpliendo la igualdad de todos ante la ley que exige el artículo 14 de la Constitución, se han tergiversado desde las elecciones de 1977. Por cierto, que más de diez millones han beneficiado al PSOE. Un millón y medio más que al PP.

No es extraño que ni los de Sánchez ni los de Casado se planteen cambiar la LOREG, pues viven de la ilusión de unas urnas que, como por arte de magia, permitan tergiversar tantos votos contra sus adversarios respectivos, los menores de sus mismos respectivos colores, que consiga la desmoralización definitiva de muchos de sus dirigentes y les allane a PP y PSOE el camino de regreso a su añorado bipartidismo.

Por ejemplo, lo que le ocurrió al PSP de Tierno Galván: no pudo superar el shock de la tergiversación, en su contra, de 525.676 votos en las elecciones del 15 de junio de 1977, lo que supuso que, con la “pistola” de la ley en la mano, le robaran once escaños del Congreso.

En medio de tanta confusión e inestabilidad, con tal de buscar información que quizás nos permita especular con algo de fundamento sobre la duda que preocupa a millones, lo de la posible abstención en la izquierda, lo que hemos hecho es consultar la información que proporciona el Ministerio del Interior sobre los resultados de las 14 elecciones generales celebradas desde 1977.

En particular, hemos buscado número de candidaturas y porcentajes de abstencionistas por si entre ambos parámetros podría derivarse alguna correspondencia.

El siguiente cuadro nos proporciona la información citada:

Año Elecciones Núm. Candidaturas % Abstención
1977 82 21,17%
1979 52 31,96%
1982 61 20,03%
1986 51 29,51%
1989 63 30,26%
1993 85 23,56%
1996 69 22,62%
2000 97 31,29%
2004 96 24,34%
2008 98 26,15%
2011 62 31,06%
2015 55 30,33%
2016 52 33,52%
2019 67 28,24%
TOTAL / MEDIA 990 / 71 27,43%

Fuente: Ministerio del Interior.

No es fácil sacar conclusiones, pero, agrupando las elecciones según los porcentajes de abstención que hayan sido inferiores o superiores a la media, podemos comprobar que:

  • De los seis años en los que la abstención fue inferior a la media, en cuatro de ellos, es decir, el 66,7%, el número de candidaturas era superior a la media. Podemos deducir que una participación electoral alta, un valor que siempre se considera positivo en las democracias, se ha visto acompañada de un número de candidaturas superior a la media.
  • Y de los ocho años en los que la abstención fue superior a la media, en siete de ellos el número de candidaturas fue inferior, catorce menos de media, un dato que consolida la confianza en el resultado obtenido con el criterio anterior.

Confirmándose ambas correlaciones si elegimos para primer criterio el de las candidaturas presentadas.

  • Hubo cinco años en los que el número de candidaturas fue superior a la media. En todos ellos, salvo el de la mayoría absoluta de Aznar en 2000, la abstención fue siempre significativamente inferior a la media.
  • Y, por último, de los nueve años en los que el número de candidaturas fue inferior a la media, en siete de ellos la abstención, un valor que cuando es alto dicen los políticos que nos debe preocupar, fue superior a su media total de las abstenciones durante los 42 años de urnas.

A priori, podemos concluir que, si el comportamiento del electorado sigue los patrones acreditados hasta la fecha, cosa que, no obstante, no se puede asegurar, es muy probable que las candidaturas de Errejón movilicen a votantes de izquierdas que podrían no acudir a las urnas.

Y volviendo de nuevo a la duda sobre la concurrencia de las candidaturas de “Más país” en relación con los efectos tergiversadores de la LOREG en la fase de conversión de votos en poder parlamentario, si Errejón mantiene el compromiso de no concurrir en las circunscripciones pequeñas, lo más probable es que su oferta política contribuya a mantener, o incluso podría incrementar, los 165 escaños progresistas de la legislatura recién finalizada.

De momento, lo que sí parece imposible es que Sánchez consiga conciliar el sueño: lo que de verdad se lo quita, y él lo sabe, es la necesidad de contar con los votos de los independentistas catalanes para conseguir la investidura.

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