¿Me ayudas a suicidarme? Por María Isabel Blasco Robert, abogada en A Coruña del despacho Maiblar abogados

maiblarabogados.com

E-mail: maiblar@icacor.es

Hoy, a petición de una gran persona a la que ha merecido la pena conocer y a la que considero una amiga, quería hablaros de un tema realmente complejo y muy delicado. Todos recordamos el famoso caso de Ramón Sampedro, un señor que con 25 años se quedó tetrapléjico al sufrir un accidente y cuya vida desde ese momento se convirtió en un auténtico infierno al necesitar ayuda para todo.

Comenzó una lucha en los Tribunales solicitando que le ayudasen a suicidarse y acabar con su infernal vida, pero ello le fue denegado por la justicia al estar penado en nuestro código penal.

Su vida, su lucha y su dolor finalizó el día que una amiga suya decidió ayudarle y suministrarle el veneno que acabaría con su vida. Su amiga no pudo ser juzgada por falta de pruebas, pero una vez prescrito su delito en nuestras leyes españolas lo confesó en televisión.

Más reciente resulta el caso de Ángel Hernández que ayudó a su esposa a poner fin al sufrimiento de su esposa quien llevaba treinta años bajo el yugo de una enfermedad degenerativa. Este señor llegó incluso a llamar a los medios de comunicación para contar al mundo lo que ocurrió después.

De nuevo se abre el debate de la eutanasia. Aunque es difícil regularlo, puesto que mientras hay personas que realmente lo utilizarían ante un caso de necesidad real, habría otras que lo usarían de forma indiscriminada y terminarían defendiendo como asistencia al suicidio lo que en realidad habría sido un asesinato sin escrúpulos y con la finalidad de quitarse de en medio a alguien que resulta molesto en tu vida.

Y yo me pregunto, ante un caso así, si nos encontramos en la tesitura de tener un ser querido que está sufriendo día a día, cuya situación médica está documentada, es real, no puede moverse y nos pide a gritos dentro de su desesperación ayuda para acabar con su vida y su sufrimiento. ¿Qué haríamos? ¿Cuál sería nuestra reacción?

La respuesta es difícil puesto que, la asistencia al suicidio en nuestro código penal está penada en el artículo 143 que distingue entre inducir al suicidio, cooperar con actos necesarios para que se suicide o directamente ejecutar la acción del suicidio. Dependiendo de caso, correlativamente las penas de prisión pueden ser de cuatro a ocho años, de dos a cinco y de seis a diez años. Lo cierto es que existen varios tipos de eutanasia, la denominada “eutanasia activa” a la que se pueden aplicar atenuantes de parentesco y confesión que rebajarían la pena, “eutanasia económica” que busca deshacerse de enfermos que son costosos económicamente, etc.  Y también, la “eutanasia pasiva” que consiste en dejar de suministrar el tratamiento y la “eutanasia activa indirecta” que trata de suministrar analgésicos para evitar el dolor y causar la muerte. Estas dos últimas no son castigadas en nuestro código penal.

Lo cierto es que la asistencia al suicidio es una cuestión compleja y que habrá que analizar cada caso minuciosamente para averiguar realmente lo que ha ocurrido porque si no podría convertirse en asesinatos indiscriminados y libres de culpa cuando realmente no lo serían.

Y yo os pregunto, sabiendo ahora penalmente a lo que os arriesgáis, ¿si os encontraseis en esa situación tan dura y tuvierais que decidir si ayudar o no a un ser querido a suicidarse porque os lo pide una y otra vez y los veis sufrir día a día? ¿Qué haríais? Espero vuestros comentarios.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

dieciseis − 7 =

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.