RC Deportivo… y la orquesta del Titanic dejó de tocar…

DEPOR LEAKS

Socio y accionista RCD

Hace ya más de un siglo, hubo un gran trasatlántico que, navegando por aguas oceánicas, encalló contra un iceberg y empezó a hundirse. Sin embargo, mientras se hundía sin remisión, los ocupantes del puesto de mando se afanaban en que la tripulación y –sobre todo- los pasajeros fueran ajenos a la realidad. Para conseguir su propósito de engaño, aumentaron las instrucciones a la orquesta, contratada para amenizar el viaje, en el sentido de que no dejasen de tocar en ningún caso. Pero en ninguno, pasase lo que pasase. Y esta, con profesionalidad incombustible, obedeció. El resto del relato ya lo conocen…

El pasado domingo 6, tuvo lugar la mayor movilización social deportivista en los últimos tiempos. Resultó ser un acontecimiento inaudito en la centenaria historia de la entidad. Antes del encuentro contra la U.D. Almería, miles de socios-accionistas-hinchas se juntaron delante de la puerta 0 de Riazor con dos  objetivos: pedir el cese del director deportivo y la dimisión del actual consejo de administración del club con la convocatoria de elecciones libres. Este último calificativo resulta de vital importancia, puesto que supone un aviso inconfundible a quienes en las últimas elecciones (las que dieron la “victoria” al actual presidente) maniobraron –por acción u omisión- para provocar un resultado contrario a la voluntad social mayoritaria.

El estallido popular se venía gestando desde tiempo atrás, cuando los mandamases institucionales –con la inestimable colaboración de los bufones de la corte- enviaban mensajes a la afición, instándoles a animar al club en todo momento, pasara lo que pasara, sin entrar en valoraciones de tipo extradeportivo. Competencia reservada para cabezas más cultivadas en tamañas tareas, que la afición jamás lograría entender. A la vez que pasaba esto, la situación deportiva del club había empeorado –más si cabe- y se hundía inexorablemente hasta la segunda división B, a pasos agigantados. Y claro, la paciencia tiene un límite y la ira se desbordó…

Para intentar salvar el barco, los rectores blanquiazules decidieron sacrificar a uno de sus hombres, el entrenador de turno, “tirándolo por la borda” como un lastre para tratar de serenar los ánimos. Se da la casualidad que la ejecución de esa pena no fue pedida por la hinchada. Sin embargo, fue lo que aconsejó la costumbre de otras latitudes, vociferada por los incansables bufones de la corte.

Así las cosas, la afición no mostró ningún entusiasmo por el nuevo inquilino del banquillo, sintiéndose una vez más engañada en sus legítimas reivindicaciones: Anquela no era culpable, lo es el protegido en su Pozo, y lo es por jerarquía e ilegitimidad la cabeza institucional. La Orquesta del Titanic ha dejado de tocar, ha cambiado los instrumentos por megáfonos y pancartas. Como era de esperar, los ánimos, lejos de calmarse, se han encrespado más.

Y, pese a la confusión interesada de algunos, este terremoto social deportivista sigue imparable, y la marcha popular no cesará hasta conseguir su objetivo: elecciones societarias libres y nombramiento de un nuevo consejo de verdad, sin ataduras ni peajes. Permanezcan atentos…

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