Una sentencia que solo parchea el futuro de las relaciones laborales. Por Diego Fierro Rodríguez

El Juzgado de lo Social nº 10 de Las Palmas de Gran Canaria ha dictado una sentencia, que es del pasado día 23 de septiembre, declarando improcedente el despido de una trabajadora de una compañía multinacional turística de origen grancanario que fue despedida, tras 13 años trabajando como administrativa, para ser suplida por un programa informático, algo que se justificó por la entidad empleadora por causas técnicas, conforme al artículo 52 del Estatuto de los Trabajadores. La sentencia indicada señala que “las causas técnicas parten, entre otros, de un cambio en los medios o instrumentos de producción” y “en el caso de la automatización, más que un cambio –entendiendo tal como conversión o modificación de algo en otra cosa– la automatización implica la irrupción de algo nuevo, y no el cambio de algo pasado”, destacando que “la automatización de procesos como la operada en el caso presente implicará una destrucción de empleos de al menos el 35% de la población activa”.

La declaración de improcedencia del despido produce los efectos recogidos en el artículo 56.1 del Estatuto de los Trabajadores. Ese precepto establece que, cuando el despido sea declarado improcedente, el empresario, en el plazo de cinco días desde la notificación de la sentencia, podrá optar entre la readmisión del trabajador o el abono de una indemnización equivalente a treinta y tres días de salario por año de servicio, prorrateándose por meses los periodos de tiempo inferiores a un año, hasta un máximo de veinticuatro mensualidades, siendo cierto que la opción por la indemnización determinará la extinción del contrato de trabajo, que se entenderá producida en la fecha del cese efectivo en el trabajo.

Ciertamente, la sentencia merece alabanzas por conseguir salvar a una trabajadora que parecía ser vulnerable por la normativa, realizando el juez una interpretación favorecedora para la empleada. Sin embargo, la declaración de improcedencia del despido no deja sin efecto el mismo, en cuanto que solo sirve para incrementar la indemnización correspondiente, y tampoco cambia el ahora previsible futuro de las relaciones laborales, que están destinadas a ser alteradas de manera contundente por el avance de las nuevas tecnologías, que van a implicar la sustitución de muchos trabajadores por máquinas o computadoras, bien por despidos improcedentes o bien por jubilaciones. Por eso mismo, la sentencia, pese al loable esfuerzo del que ha sido fruto, no es más que un parche que no evitará los cambios que se avecinan en el ámbito laboral.

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