VIAJERO SIN FRONTERAS. Largo viaje desde Ereván (Armenia) a Tiblisi (Georgia), a través de la frontera de Sadajlo

Por Roberto L. Moskowich
Tiblisi (Georgia), 5 de octubre del 2019.  Siempre trato por todos los medios cumplir lo que voluntariamente prometo, y por eso les cuento el menú típico de mi primera comida en Ereván (Armenia), en el céntrico y acogedor restaurante “Lavash”, sito en el número 45 de la calle Thumanyán. Comí una exquisita ensalada de verano y “Tolma”, que es un plato con doce unidades de arroz, carne picada, hierbas varias, todo envuelto en una hoja de parra, con “Zhingyalov hats”, un pan de 16 hierbas. Todo muy sabroso y regado con un buen vino tinto armenio “Takar”.
Cumplida mi promesa, cambio rotundamente de tema, ya que a través de Ramón Mella, presidente del Club de Leones La Coruña-Marineda, me enteré del fallecimiento de mi amiga Pilar Valiño, luchadora histórica de la UGT y ex compañera en la primera Corporación Democrática del Ayuntamiento de La Coruña. Mi más sentido pésame a su familia, amigos y compañeros del PSOE. DEP.
Y hoy, sexto día de mi hasta ahora maravilloso viaje por Asia Central, me levanté a las 6.30 ya que a las 8 puse rumbo a Georgia, largo desplazamiento por carretera que, con las paradas, nos llevó casi ocho horas.
Por suerte, me sigue acompañando el buen tiempo, que se mantuvo todo el viaje. Karen, el chófer que me dejaría en el Hotel Citrus, en Tiblisi (Georgia), fue sumamente puntual. Por cierto, no contamos con la compañía de Cristina, de la que ya me había despedido.
Como hoy es sábado, había mucho menos tráfico, cosa que facilitó la salida de Everán, que mostraba sus calles perfectamente limpias. También habían retirado las numerosas banderas de los países participantes en un foro internacional al que acudieron algunos Jefes de Estado vecinos, motivo por el cual había muchos policías, y algunas calles del centro estuvieron cortadas, como el día de mi visita a Matenadarán con Edita, lo que nos obligó a dejar el taxi lejos de nuestro destino.
Por cierto, los taxis, que son muy baratos, lo mismo que la comida, son de muy diversos colores y algunos no utilizan el taxímetro. Aunque normalmente se ven muy pocos policías en calles y carreteras, la seguridad y la tranquilidad son patentes, así como la cordialidad de la gente.
Salimos de Ereván por autovía, sen buen estado y con ligeras pendientes. Atravesamos el país de Sur a Norte, por una zona montañosa que nos llevó hasta más de 1.800 metros de altura, dejando atrás Abovyan, Fantán, Hrazdan, Gagarin y Seván, de cuyo lago disfrutamos de unas soberbias vistas.
Bordeamos el Lago Seván durante un largo trecho hasta rebasar su extremo norte, e hicimos una “parada técnica”, vulgo “parada de la meada”, en Sovagnyugh Food Court, un lugar que cuenta con supermercado, bares, panadería, tiendas y restaurantes, y en el que había mucha gente.
Siguiendo la carretera de doble sentido y muy bien señalizada, retomamos la ruta entre montañas, con numerosas curvas muy pronunciadas y fuertes pendientes descendiendo más de 200 metros en muy corto espacio. Además, había un fuerte incremento del tráfico pesado.
Los bosques mostraban los bellos colores del otoño, y al borde de las pronunciadas curvas había chiringuitos de comidas y bebidas, con su pequeña cocina de hierro con chimenea y todo, y algunos lugares habilitados para hacer barbacoas. También vi varios hoteles de montaña y pequeños caseríos.
Teniendo ante nosotros unas elevadas montañas, algunas cortadas casi a pico, y preciosos bosques de pinos, después de muchas curvas y contracurvas, aunque con fuerte descenso de tráfico, llegamos a Ijeván, que se encuentra a 135 kilómetros de Ereván.
Bordeamos durante varios kilómetros un bonito rio de montaña con bellos parajes arbolados, mientras la línea del ferrocarril discurría casi paralela a nuestra carretera completando un descenso casi continuado de 1.300 metros.
Seguimos descendiendo por un largo tramo en obras, mientras dejábamos atrás los pueblos de Sarygiug y Berkaber, y volvimos a ascender de forma serpenteante hasta los 1.059 metros. Luego, otro sinuoso descenso y un brusco cambio de paisaje, con las montañas casi peladas y muy pocas casas.
Pasamos el Río Voskepar, dejando a nuestra derecha una preciosa iglesia armenia sobre una colina. Cerca está Baghanis, con muchos frutales, donde nos cruzamos con una ristra de grandes camiones, con unas frondosas montañas en sus alrededores.
Muy cerca está Jujevan, un pueblo que esta “estirado” a lo largo de la ruta. Seguimos con bajadas y toboganes, perdiendo unos 200 metros de altura hasta Kobhg, donde tuvimos que frenar nuestra marcha para dejar pasar a un grupo de vacas, la mayoría rojizas y no muy grandes, que andan solas pastando por las cunetas.
Atravesamos Berdaván, pueblo de granjas y ganado vacuno, siguiendo por el agrícola Zorakán. A la altura de Haghtanak, donde abundan los chiringuitos de venta de frutas al borde de la carretera, se nubló el cielo pero la temperatura se mantuvo en 27 grados. Desde ese lugar, donde abundan maíz, nogales, peras y albaricoques, se divisa perfectamente Georgia.
Tras más de tres horas y media de viaje, paramos a comer en “un lugar en medio dla nada”, que ni letrero tiene. Una joven del lugar, a quien le pregunté, me dijo que estábamos en Noyemberyán. Estábamos ya a dos kilómetros y medio de la frontera con Georgia. Allí había de casi todo, incluso oficina de cambio de moneda, y muchos turistas, viajeros, camioneros y paisanos.
Tras dejar atrás Ptghaván, que parece un “pueblo del Oeste” americano, llegamos a la frontera de Sadajlo. Y a las 14 horas, seis después de dejar Ereván, entraba en Georgia.
El pase de las fronteras fue muy rápido, y ni siquiera me miraron la maleta. Están haciendo una gran labor con los viajeros y turistas, tanto Armenia como Georgia, y eso se está traduciendo en un notable incremento del turismo en ambos países. Según el chófer, nos entrábamos a hora y media de mi hotel en Tiblisi.
El paisaje de la frontera de Georgia, como es natural, es igual al de Armenia y la temperatura se mantenía en 27 grados y cielo cubierto. Pasamos el Río Banovcha, siguiendo una zona llana, poco habitada y con pocos árboles. Destacaba una plantación de nogales, así como la presencia de vacas sueltas por las cunetas y al borde de la carretera.
Rebasamos Maretj, Sulavery, Metsamula y el Río Krami, con el ferrocarril electrificado a nuestra derecha, siguiendo viaje por una muy larga recta. A destacar que los letreros esta también en inglés, y la proliferación de banderas de la Unión Europea.
El pueblo de Koda marca el final de la meseta, y Kumisi es el primero del fértil valle, en el que abundan los pinares. Sigue Tsalaskuri, de carácter agrícola-ganadero, por donde pasa la “Ruta del Vino”. Como seguramente sabrán, Georgia se considera la cuna del vino y tiene unos de los mejores vinos del mundo.
Al salir del pueblo vi el primer accidente de coche desde que inicié el viaje. Había varios afectados, policías, grúas y ambulancias, y un importante atasco en el carril que sale de la ciudad.
Un poco más adelante contemplé unas estupendas vistas de Tiblisi, que como saben es la capital de Georgia. Seguimos un tramo de nueva autovía de tres carriles en cada lado y por la derecha bordeamos el río, surcado por varias embarcaciones, algunas con turistas. También vi los bellos puentes de piedra, y uno peatonal muy llamativo por su serpenteante cubierta de plástico verde esmeralda.
Como el tráfico era lento y pesado, no llegué al Hotel Citrus, un auténtico 4 Estrellas europeo muy bien situado, hasta las 15.45 horas, completando casi 8 horas desde la salida de Ereván (Armenia).
Tras registrarme, y con el fin de estirar un poco las piernas, dejé el equipaje sin deshacer y fui a dar una vuelta a pie por la ciudad. Frente al hotel hay un coqueto Jardín Romántico, y en el medio del mismo hay una moderna y bonita tienda de venta de vinos de reserva.
Bajando una pronunciada cuesta llegué a la Avenida Shota Rustaveli, y entre lo que vi destacan el Parlamento y el Museo de las Artes. Y tras completar el recorrido con una interesante y entretenida visita al popular y acreditado Mercadillo Artesanal, regresé al hotel para escribir esta crónica, que deseo sea de su agrado.

Hasta mañana. Saludos y salud.

(Fotos: Lajos Spiegel)

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