VIAJERO SIN FRONTERAS. Traslado, y completa visita a la impresionante ciudad de Yazd, Patrimonio de la Humanidad

Por Roberto L. Moskowich

Yazd (Irán), 16 de octubre del 2019.  Ayer, después de enviar mi crónica viajera, recibí una llamada telefónica de Eliya Jahed, representante de “Viajes Marco Polo ” en Teherán, que es mi operador en Irán. Eliya es muy amigo de Pili Sobrado, delegada en Galicia de la mayorista “Only You”, con la que llevo varios años viajando, muy amiga de mi agente de viajes “de cabecera” Agustín Vázquez, de “Viajes RAI” en La Coruña.
Eliya Jahed tuvo la atención de desplazarse hasta mi hotel, para conocerme personalmente y concretar mi programa de visitas cuando regrese a Teherán. Charlamos durante un buen rato, y Eliya, que había perfectamente español, me dijo que viaja con frecuencia a España, y que durante la celebración de “FITUR”, en Madrid, estuvo con Pili Sobrado. Todo un detalle para conmigo, si señor. ¡Muchas gracias, Eliya!.
Hoy me levanté a las tres y media de la mañana, ya que tuve que volar a Yazd a las seis y media. A esa hora la temperatura era de 16 grados, sin viento y con una humedad del 44 por ciento. Se esperaba un día soleado, y alcanzar los 26 grados.
En el hall del hotel me tenían preparado un tentempié con nescafé y leche. Con su puntualidad habitual se presentó mi guía, Alí, y con un chófer privado nos desplazamos al Aeropuerto.
Al tratarse de un vuelo doméstico, volamos desde la antigua terminal internacional, aeropuerto que ha quedado prácticamente engullido por el crecimiento de la ciudad de Teherán. Como es natural, está mucho más cerca que el Aeropuerto Internacional. Gon la ayuda de Alí, los trámites de facturación y obtención de la tarjeta de embarque fueron muy rápidos, como también lo fueron los del control de seguridad.
De Teherán a Yazd volé en un avión turbohélice “ATR72-600”, con capacidad para 70 pasajeros, de la compañía “Irán Air”, que dejó su estacionamiento en el Aeropuerto Menhrabad a las 6.30 horas. Pero debido a la congestión de tráfico aéreo, demoramos media hora la salida. Por cierto, la hélice izquierda estaba casi pegada a mi ventanilla. Los asientos eran amplios, y cómodos.
Como en los viejos tiempos, nos dieron unos caramelos, lo que me recordó los vuelos a Madrid en el “Fokker” de la compañía “Aviaco”, avión de 44 plazas al que los “Amigos de La Coruña” llamábamos cariñosamente “El pajarito”.
Al salir disfruté de unas estupendas vistas de Teherán de sus saturados accesos. Poco después, giramos a la izquierda y pusimos rumbo al Este de Irán. Dejamos a la izquierda el elevado pico Damavand, de la cordillera Alborz, que parece un volcán.
A las 7.30 nos sirvieron un estupendo desayuno “de campaña”, y tras un vuelo muy agradable y sin turbulencia alguna, a las 8.15 tomamos tierra, muy suavemente, en el Aeropuerto Internacional de Yazd, con el sol luciendo a tope.
Tras llevarme un chófer hasta el hotel, me encontré allí con mi nuevo guía, Mehrdad Hosseini, un iraní que habla bastante bien español y que demostró dominar su profesión. Además de ser guía de españoles, también acompaña grupos de alemanes.
Para no perder tiempo, dejamos el equipaje en la consigna del hotel y salimos de inmediato para iniciar el amplio programa de visitas previsto.
Patrimonio de la Humanidad, Yazd, la ciudad de los zoroastros, es conocida como “la novia del desierto”, y también como “ciudad de las torres de viento “. Es una urbe llana, rodeada de montañas, que ocupa 70 kilómetros cuadrados. Su población ronda el millón de habitantes, y se calculan en 180.000 los ilegales que viven en la urbe.
Yazd cuenta con una soberbia red de canales subterráneos de agua, para evitar la contaminación y la evaporación. Y ese canal lo vimos durante el estupendo recorrido por las Torres del Silencio, que fue nuestra primera visita.

Las Torres del Silencio, Patrimonio de la Humanidad, también conocidas como dakma, son edificaciones funerarias de los zoroastros. Para no contaminar, ellos no enterraban a sus muertos que, tras prepararlos, los colocaban desnudos en lo alto de las murallas, para que los pájaros comieran los cuerpos. Luego lavavan los pelados huesos, y los ponían a secar.
En el medio del duro desierto, donde en verano la temperatura llega a 45/48 grados, se encuentra este conjunto muy atractivo e interesante. Tras ver el canal, en el que lavaban y limpiaban el agua que necesitaban los magos zoroastrianos, recorrí los “khileh”, que así se llamaban las casas de adobe y piedra en las que vivían los magos, unos seres que afrontaban un sacrificio brutal, ya que los magos que aceptaban ese trabajo ya no volvían a ver a sus familias, para evitar contagiarles alguna enfermedad de los m…
Este Atash Behram es uno de los nueve Atash Behrams, y uno de los de más alto grado que hay en Irán, donde los zoroastrianos practicaron su religión desde el año 400 antes de Cristo. Los otros ocho están en la India.
Desde las Torres del Silencio, nos trasladamos al Templo de fuego, que está a unos cuatro kilómetros. De mis a ma izquierda el Centro de Formación Agrícola, la Plaza Janbaz y atravesamos una zona residencial de casas de una y dos plantas y con vegetación. Rebasamos la Plaza Abouzar, y seguimos una larga calle recta entrando en el extrarradio, hasta llegar al Templo.

En el Templo Zoroastro de Yazd, o Templo de fuego, está el símbolo Erahvaharo, el Dios persa o Dios único, que significa “la fuerza progresiva”. Los fundamentos del zoroastrismo son: pensar, hablar y hacer el bien.
En el interior del Templo está la “llama eterna”, que lleva ardiendo sin parar la friolera de 1.550 años. Quema leña, por lo que día y noche hay voluntarios reponiéndola, para que no se apague el fuego.
Cerca hay un interesante museo, que nos recuerda que Zaratustra, que nació en Irán en año 1767 AC, fue martirizado cuando tenía 70 años de edad y murió quemado en el Templo Balk. E k pared exterior hay una representación de la lucha del Rey Darío I contra el mal, que es una réplica de Persépolis. Mientras, sonaba un música coral que parecían mantras.
Y tras beber una agua pura y cristalina, deje el Templo de fuego para visitar la Ciudad Histórica de Yazd, la Ciudad de adobe, una gran extensión repleta de antiguos edificios de los que sobresalen sus torres de ventilación, que según el guía es una invención de los persas, para contrarrestar el fuerte calor de estas zonas del desierto.
Por unos pasadizos cubiertos que sirven de soporte de las casas de ambos lados, para los terremotos, y de sombra, llegamis a la gran Plaza Amil Chaqmag, de 8.000 metros cuadrados, un lugar en el que se celebran actos militares, políticos y de carácter económico. Aquí paraban las caravanas de la Ruta de la Seda. Tiene dos impresionantes minaretes, del Siglo XIV y de 54 metros de altura, que son una auténtica joya arquitectónica persa. Alli están también la magnifica Mezquita Amirchaghmagh, el canal de agua, y sus llamativas cinco torres de ventilación.
Seguimos pateando la ciudad por el zoroastrismo Barrio Fahadán, de adobe, que es el más antiguo. Visitamos el Museo Hotel Fahadán, que fue la casa de un ricachón comerciante de joyas, luego Embajada de Alemania, y ahora hotel de 5 Estrellas. Para visitarlo hay que pagar, pero vale la pena.
El edificio que es enorme, cuenta con 40 habitaciones, en las que vivía toda la familia, hasta los tataranietos. Cuenta con canal de agua propio, y para ver correr el agua pura y cristalina de su conducción subterránea tuvimos que descender 34 escaleras.
Y desde uno de los amplios patios de la planta baja subimos los 31 escalones, algunos bastante altos y parte en escalera de caracol, para llegar hasta la terraza y el tejado con el fin de ver de cerca las cinco torres de ventilación del edificio, y otros muy interesantes de los alrededores.
Continuamos el recorrido por las estrechas callejuelas (en algunas apenas pueden cruzarse fácilmente dos personas gruesas) y vimos varios canales de agua de uso público con largas y profundas escaleras, hast llegar al restaurante Silk Road Hotel situado frente al Mausoleo, mezquita y santuario de Rocknedín, magnífica edificación que data del Siglo XIV que fue construida por el mismo arquitecto de la famosa Mezquita Jameh.
Y como las tripas tocaban fagina, nos fuimos a comer, muy bien por cierto. Prometo contarles el menú, pero quiero anticiparles que, por vez primera en mi larga vida, comí camello estofado y que estaba muy rico. Y también tomé cerveza…. sin alcohol por supuesto.
Tras la estupenda comida, seguimos pateando la ciudad, y en primer lugar fuimos a la Mezquita Jameh, del Siglo XIV, que tenía muchas banderas negro por el luto del nieto de Mahoma, cuya cuarentena finaliza dentro de cuatro días.
La Mezquita, que está edificada sobre un templo zoroástrico, es la más antigua de Yazd, y en su momento la más grande. Aparte su bello y rico interior, debo destacar su gran cúpula y los dos minaretes gemelos, que miden nada menos que 54 metros de altura. Los azulejos, cargados de simbolismo, son de 7 colores con letras coránicas al borde de la fachada. Es una obra arquitectónica colosal, y cuenta con un gigantesco y grueso portalón original, de madera.
Hasta esta Mezquita llega el canal de agua, tras recorrer nada menos que 90 kilómetros de canalizaciones. Tiene un total de 2.100 pozos desde el pozo madre. ¡Casi nada, vamos!.
Por cierto, en esta zona eminentemente turística hay muchas tiendas, pero muy pocos turistas. El guía me confirmó que el conflicto con los Estados Unidos de América influyó muy negativamente en este sector.

Y como remate de tanto ajetreo, nos trasladamos al estupendo y enorme Jardín Dolat Abad, que data del Siglo XVIII, mide 8 hectáreas, es Patrimonio de la Humanidad y formaba parte importante de la Ruta de la Seda.
Para acceder al jardín tuve que atravesar la doble muralla antigua de Yazd y sus grandes torres de vigilancia. Es un magnífico ejemplo de jardín persa, en pleno corazón del desierto. Tiene una torre de ventilación de 35 metros de altura, que es la más alta del mundo, y una mansión de planta octogonal que fue residencia del Gobernador de Yazd. Está restaurada, cuenta con unas bellas vidrieras de colores, diversas estancias con surtidores de agua, y una elevada cúpula central, aunque está totalmente vacía de contenido.
Frente al edificio hay un largo estanque de agua, con fuentes funcionado, que me hizo recordar al que vi en el Taj Majal durante mi inolvidable recorrido por la India.
Y después de un reconfortante y tranquilo paseo por los bellos y cuidados jardines de Dolat Abad, volví al coche y regresamos al hotel para acreditarme y acceder lo antes posible a mi habitación, con el fin de escribir sin demora mi crónica diaria. Pero tuve que demorar un poco este trabajo, ya que me dieron una habitación tan escasa de espacio que no tenía ni una mala mesa para escribir.
Ni corto ni perezoso, bajé a recepción y les planteé con firmeza mi queja, diciéndoles que yo había pagado una habitación de 4 o 5 estrellas y que ese pequeño e incompleto cuarto no respondía a esa categoría. En honor a la verdad, debo reflejar que lo solucionaron al momento, y que ahora estoy en un gran habitación. El que no llora, no mama….
La jornada, que relato resumidamente, fue una auténtica paliza, sobre todo después de dos noches durmiendo tres o cuatro horas solamente, pero ha valido la pena. Mientras el cuerpo aguante….. ¡Saludos y salud!.

(Fotos: Lajos Spiegel)

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