VIAJERO SIN FRONTERAS. Visitas a las ciudades de Yazd, Pasargad y Shiraz (“La ciudad de las flores,los poetas y el vino”)

Por Roberto L. Moskowich

Shiraz (Irán), 17 de octubre del 2019.  Ayer prometí comentarles el menú de la sabrosa comida que degusté en el restaurante “Silk Road Hotel”, de Yazd, situado en plena Ciudad Vieja, en la famosa “Ruta de la Seda”, donde por vez primera en mi dilatada vida he comido carne de camello.

Tomen buena nota, pues, sobre todo mis numerosos amigos gastrónomos:
Estodado de carne de camello, con patatas, zanahorias, tomates y especias varias. Berenjenas fritas, con tomates. Arroz tostado, con lentejas y Canela. Pollo al curry. Pan muy amarillo (tortas a la piedra) de trigo, más gruesas de lo habitual. Y de postre “Ghottad” hecho con harina, miel, almendras y nueces molidas, que estaba muy sabroso. Y para beber, cerveza iraní “Alis”…. sin alcohol, claro, porque en Irán están terminantemente prohibidas las debidas alcohólicas. ¡País!.
Hoy me levanté a las 6 de la mañana, porque tenía ante mí un intenso programa de visitas y viajes largos. La temperatura era de 15 grados, sin viento, sol a tope, y solamente un 25 por ciento de humedad. Como les dije ya, estamos al borde del desierto. Por cierto, en el desayuno tomé unos dátiles naturales deliciosos, que me recordaron los que me compra mi hija en La Coruña. Tal cual.
Haciendo gala de su profesionalidad, mi guía Josito (como le llamo yo) fue sumamente puntual en la salida para realizar el programa de hoy. Viajamos hacia el Sur, con lo cual, desde Teherán, he atravesado casi todo el país de Norte a Sur. Ante mí, una completa jornada de desplazamientos en coche y a pie.
La salida de Yazd, por sus amplias y limpias calles, fue muy rápida, dejando a nuestra izquierda una impresionante cadena de agrestes montañas, con unos picos que parecen los dientes de una sierra.
La autovía, de dos carriles en cada sentido, nos metió de lleno en una zona árida, sin árboles, con muy escasa vegetación y con pocos habitantes. A la media hora, breve parada para chequear los datos del vehículo.
Poco después, a la derecha, vimos una Mezquita cuya cúpula parece un observatorio astronómico, y ya nos metimos entre montañas, siguiendo una carretera estrecha y serpenteante, con fuerte ascenso y con los letrero solamente en iraní. Pero resulta que el chófer se equivocó, y tuvimos que descender para tomar otra vía…. que estaba cortada por obras. O sea, que de nuevo marcha atrás, hasta tomar la vía correcta.
Dejamos atrás Tashir, lleno de fotos con los Mártires de la Revolución, que también vi en Taft, pueblo que tiene un río muy ancho pero totalmente seco. Las fotos de la Revolución las vi en una gran exposición en el Aeropuerto de Teherán, con cascos, bombas, equipos de transmisiones de campaña, granadas, periódicos, etc.
Al rebasar Islamieh, nos detuvimos para hacer fotos ante una montaña que tiene forma de gigantesca águila. Está tan bien, que parece hecha por el hombre.
Entramos en un enorme valle desértico, de 55 kilómetros. En Saed Abad fuerte subida ma montaña, por un carretera nueva y buena, con fuertes curvas y ascensos y descensos continuados, donde la velocidad máxima es de 60 kilómetros por hora.
En Abarkuh la llanura se muestra tan grande como árida y sin vida, viéndose en la lejanía las montañas. En Denshir, los ríos estaban completamente secos, y las rectas eran interminables. Al transitar por Abarkanh el trafico era casi nulo, y solamente nos rodeaba el inmenso desierto puro y duro.
En medio de un desolador paisaje, subimos hasta los 1.544 metros, y el sol cayendo a plomo durante kilómetros y más kilómetros. Circulamos por una carretera desdoblada, a dos niveles buena parte del recorrido. Cuatro montones de tierra blanca, dos a ca lado, indicaban la presencia de un puente, por pequeño que fuese.
A medida que nos aproximamos a las montañas, se suavizó el paisaje desértico, y el primer pueblo que encontramos al final del desierto fue Ruyis Abad, que parecía sacado del popular Oeste americano.
Tras dos horas y media de viaje, hicimos la primera “parada de la meada”, en Abarkuh, un pueblo de 15.000 habitantes que cuenta con dos grandes atractivos: un ciprés de nada menos que 4.500 años de antigüedad, y un precioso “Yagh Chal”, que así se llama una cámara de hielo de 250 años, que es Patrimonio de la Humanidad. Es de forma cónica, y a mí me recordó las estupas que vi en varios países del Lejano Oriente. El grosor de sus paredes, de adobe, va de tres metros a metro y medio. La madera que tiene es para protegerlo de los terremotos y del viento huracanado.
Durante el invierno todos los vecinos iban a las montañas a buscar nieve que echaban dentro del depósito. Cada metro la aplastaban, pisándola hasta llegar al hueco superior, tapando las puertas laterales. Y aparte de usarla los vecinos, vendían el hielo cortado en bloques a las caravanas. Al lado mismo de esta antigua “nevera” están las murallas del pueblo.
Tras dejar atrás un puesto de control militar, sin tener que pararnos, más y más desierto. Por estos andurriales estuvieron árabes, turcos y mongoles, siendo los romanos los que le pusieron el nombre de Persia, que actualmente se comparte, oficialmente con el de Irán. Y aquí asentó sus reales Ciro I el Grande.
En esta zona abundan las canteras de mármol y de piedra, así como numerosas fabricas para su tratamiento y comercialización, y también hay plantaciones de árboles frutales. Estábamos a 235 kilómetros de Shiraz y a 115 de Pasargad.
Después de rebasar una gran fábrica de cemento, y dejar atrás esa especie de oasis, circulando en dirección Este, en Safa Shar se ven los llamativos pliegues de las montañas y las piedras muy meteorizadas. Luego, a la izquierda, canteras de mármol blanco y más adelante la vía del ferrocarril que está sin electrificar, cosa que me sorprendió.
Mientras comía unos sabrosos dátiles y frutos secos que me dio Joseito, rebasamos un paso a 2.268 metros de altura, y ya en Sardat Shar vi grandes extensiones de cereales y de legumbres.
Y cuando llevábamos cinco horas de viaje, llegamos a la ciudad de Pasargad, que es Patrimonio de la Humanidad. Fue la primera capital del imperio persa aqueménide, bajo el reinado de Ciro I…
A las tres de la tarde, rematada la comida, pusimos rumbo Sur para encaminarnos a Shiraz, que es la capital de la provincia de Sars. Tras pasar por debajo de la vía del tren, entramos en un largo y recto túnel cuesta abajo, siendo la primera vez que atravesé un túnel en este país. La carretera volvió a unificarse, aunque separadas ambas direcciones por unas placas biondas.
Y al fin entramos en un valle fértil, con riego intensivo, en el que vi granjas, árboles frutales, fábricas de productos lácteos, ovejas y alguna cabra, pero no vi ni una sola vaca.
Tras casi hora y media de viaje desde Pasargad, llegamos a Shiraz, ciudad que tiene la friolera de 2.600 años de antigüedad, y al entrar tuvimos que pasar un nuevo control de tránsito. En esta bella ciudad viven dos millones de personas, sin contar los ilegales.
Como mañana estará cerrado, ya que es viernes y festivo en Irán, decidimos visitar el Gran Bazar. De camino, vimos el Museo de Pars, sito en el Jardín Nazar. También vimos el amurallado Palacio Arg Karimkhan, construido en el Siglo XVIII por el fundador de la dinastía Zand. Fue cárcel, antes de la Revolución fue sede de la odiada Policía Secreta, y los revolucionarios lo destrozaron. Incluso pretendieron violarla poniendo vargas de dinamita, que hicieron que se inclinase la torre de la izquierda, como queriendo hacerle la competencia a la Torre de Pisa (Italia). En la actualidad alberga un desangelado museo.
Proseguimos nuestra caminata, y llegamos al Gran Bazar, que tiene bien merecido lo de grande, pues ocupa nada menos que dos kilómetros de largo, e integra dos enormes edificaciones, Norte y Sur. Tiene el techo más alto de todos los bazares de Irán, y en su interior alberga un bello caravansarai del Siglo XVIII.

En el Gran Bazar, que está muy limpio y ordenado, hay de todo, y creo que no exagero al afirmarlo. En el Caravansarai subí al piso superior, disfrutando de la belleza del precioso patio y de su entorno.
Y como remate de tan intensa como estupenda actividad, visitamos la soberbia Mezquita Yakil, que data del Siglo XVIII, es una de las mejores de Persia, y ocupa una superficie de once mi metros cuadrados. Dentro de su grandiosidad y belleza destacan sus 48 columnas, de 5 metros de altura y 60 centímetros de ancho.
Finalizada la pormenorizada visita, nos trasladamos al Hotel Park Saadi, un cuatro estrellas que está muy bien. Tras un pequeño aseo y colocar el equipaje, redacto esta crónica viajera. Espero que les agrade tanto su lectura como a mi lo que he tenido la fortuna de ver y contemplar. Mañana tengo que levantarme a las 6. Mientras el cuerpo aguante…. ¡Saludos y salud!.

  (Fotos: Lajos Spiegel)

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