Reflexiones de Manuel Tato. Tonterías las justas

Sirva esta reflexión como homenaje a  mi madre, la persona que he amado con alma y corazón y seguiré amándola toda la vida.

No soy un bloguero, ni profesor de universidad, soy una persona normal,con sentimientos a flor de piel, y me gusta plasmarlos como hago en esta columna, me encanta escribir, pero más aún decir la verdad, y que me la digan aunque duela.

No me emocionan los likes, me entristecen los desprecios e indiferencia de quienes dicen ser amigos y cuando llegan esos momentos tristes de la vida, cuando necesitamos ese abrazo cálido, notamos más sus ausencia.

Soy enemigo de la injusticia, amigo de un café para conversar, no estoy melancólico, simplemente soy una persona emocional y sensible.

Me gusta la moda, y me adapto a las modas, correcto con los incorrectos, torpe por naturaleza, y a veces amigo de las quintas oportunidades, tampoco soy de Whatsapps, prefiero el contacto, la mirada y un cara a cara.

El teléfono me parece un elemento tecnológico frío, en ocasiones ruin y otras cobarde, pero necesario para llamar o hablar cuando necesitamos escuchar la voz familiar, la de un amigo o un amor alejado físicamente de nosotros para decirle cuanto se extraña a quien te hace falta.

Últimamente está para disculparse desde la lejanía , pues nunca verás la otra cara, o para inventarse algo y no se nos vean los colores, que fácil es enviar un párrafo bonito, bueno y barato, o mandar besos y abrazos online.

Esta es una reflexión más, no señaló a nadie, es simplemente lo que me sale del alma, cada uno es libre de hacer lo que crea o quiera con su vida y amueblar sus aciertos o errores, aunque cada vez deberíamos de equivocarnos menos y acertar más.

Dos semana después de un duro golpe, como la ausencia inesperada y para siempre de una Madre, te da para pensar mucho y reubicar amistades y conocidos.

La última llamada fue escalofriante, era una despedida, cogí mi coche, llovía a mares, y entre mis lágrimas y la que caía, casi me cuesta un accidente. Era la última vez, la última y más triste, vería a mi mamá por última vez, quería llegar pronto, como siempre hice cuando alguien me necesitó.

Vivimos en un mundo de tal empanada mental, que todo lo arreglamos o creemos, que se arregla con un abrazo virtual.

A la cobardía y mentira le vino de perlas este medio de comunicación, es el arma perfecta para disfrazarse y hacer el imbécil con una disculpa  ” Si necesitas algo estoy aquí” Perdón?? Ahí no te necesito, te necesito aquí, en los momentos más difíciles.

Este año por desgracia viví varios episodios, de estos que dicen ser amigos y pasaron a ser cuenta cuentos, aprendí a separar personas de personajes.

No voy a cambiar una relación carnal por una virtual, ni tampoco un abrazo o mirada, prefiero seguir siendo yo y mi conciencia, las consecuencias simplemente son frutos recogidos de una torpe cosecha.

Quiero creer que todo el mundo se equivoca y que también aprende, que aún hay sentimientos, aparecer cuando es necesario, abrazar cuando se necesite, y seguir mirando a los ojos.
Seguramente será una columna más, pero a mí me encanta, suelo escribir y decir lo que pienso, de lo contrario, no sería yo.

Quizás sea distinto, pero no me arrepiento, al contrario, me enorgullece, prefiero pensar que mientras haya sentimientos, habrá humanidad.

Un comentario

  • Esther Roca

    Que razón tienes Manuel , si practicásemos más el arte de hablar con un café delante nuestra sociedad sería muy distinta . Nos hemos dejado invadir por la tecnología , que nunca podrá sustituir la sensación de un abrazo “como tú bien describes “
    Enhorabuena por tus palabras.

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